A SUBASTA LA IMPRESIONANTE COLECCIÓN DE PAUL ALLEN

Paul G. Allen (21/01/1953 – 15/10/2018) fue cofundador, junto a Bill Gates, del gigante tecnológico Microsoft Corporation. Tras un interregno entre 1983 y 1990 en que debió someterse a tratamientos tras ser diagnosticado de cáncer, se separó de la firma definitivamente en el año 2000, aunque mantuvo una importante cantidad de acciones.

Allen fue un multimillonario polifacético. Tuvo una amplia actividad filantrópica, donando miles de millones de dólares en causas relacionadas con la ciencia, la tecnología, la salud, la educación, el ambiente y las artes. Apoyó iniciativas en los campos del desarrollo de las neurociencias, la Inteligencia Artificial y la búsqueda de vida extraterrestre.

Creó la firma de inversiones Vulcan Ventures y participó en unas 140 empresas. También se interesó en los deportes: adquirió un equipo de básquetbol (Portland Trail Blazers), otro de fútbol americano (Seattle Seahawks) que obtuvo el superbowl en 2014 y fue socio minoritario en el equipo de fútbol Seattle Sounders FC.

Creó el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción. También era apasionado del rock-and-roll, interpretando con solvencia la guitarra eléctrica; financió el Experience Music Project (actualmente MoPOP, Museum of Pop Culture).

Su padre había sido miembro del Ejército durante la Segunda Guerra Mundial, en cuyo recuerdo reunió una destacable colección de aviones y blindados de esa época, perfectamente restaurados: el Flying & Combat Armor Museum. Allen se dedicó asimismo a la exploración de aguas profundas para la búsqueda de naves hundidas en dicho conflicto bélico, a través de su organización Vulcan Inc. y su barco Research Vessel Petrel. Su lista de hallazgos -varios con posterioridad al deceso del fundador- es impresionante.

En 2015 el acorazado japonés Musashi. En 2017 el crucero USS Indianapolis, el destructor USS Ward y el destructor italiano Artigliere. En 2018 el portaaviones USS Lexington. En 2019 los portaaviones USS Hornet y Wasp, el crucero liviano USS Juneau, los portaaviones japoneses Kaga y Akagi y el destructor USS Johnston.

Pero además de lo ya descripto, Allen fue un coleccionista de arte apasionado y ecléctico. Su acervo llegó a estar integrado por numerosas obras de amplia temática y de un rango temporal de 500 años, que se mantenía distribuido entre sus varias residencias particulares y en préstamo en distintos museos.

Su obsesión por el arte no oscurecía su racionalidad para los negocios. Vendió un cuadro de Barnett Newman (Onement VI de 1953) en U$D 43,8 millones, un Mark Rothko por el que había pagado U$D 34,2 millones –Sin título (rojo, azul, naranja)- en U$D 56,2 millones y por el cuadro Jet Fighter de Gerhard Richter, de 1963, que adquiriera en U$D 11,2 millones, obtuvo U$D 24 millones.

En estos días la casa Christie’s anunció que sacará a subasta unas 150 piezas de esa colección en dos partes, los días 9 y 10 de noviembre próximo, en el Rockefeller Center de Nueva York. De acuerdo a lo informado por dicha firma, entre las mismas se destacan un paisaje de Klimt que puede valer U$D 90 millones, un Seurat, un Van Gogh  y un Cézanne estimados en más de cien millones de dólares cada uno, un Monet por el que se espera obtener unos U$D 60 millones, un Johns Jasper de unos 50 millones, un tríptico de Roger Bacon estimado en más de U$D 25 millones.

En conjunto, se espera que la subasta recaude por encima de los mil millones de dólares.

DIEPPE: 19 de agosto de 1942

El día 19 de este mes se cumplieron 80 años del que seguramente haya sido el día más trágico para las tropas canadienses en la historia: la desastrosa “incursión de Dieppe”. Esa funesta jornada también provocó ingentes bajas en tropas inglesas y norteamericanas.

En 1942 los aliados habían acumulados sonoros fracasos: en Asia la caída de Singapur en febrero y la rendición de Filipinas en mayo. En junio los japoneses invadieron territorio norteamericano, en las islas Aleutianas. En el norte de África, Rommel tomó la ciudad puerto de Tobruk.

En diciembre del año anterior la aviación nipona había hundido dos icónicos buques británicos, el HMS Prince of Wales y el HMS Repulse. La pérdida de la “Fuerza Z” tuvo incidencia en el asalto a Dieppe porque el Almirantazgo se negó a brindar al mismo el apoyo de sus acorazados para no exponerlos a la Luftwaffe.

Churchill se encontraba presionado por la necesidad de recuperar para los Aliados aunque fuera en parte, la iniciativa en la guerra, así como por los reproches cada vez más virulentos que Stalin le propinaba por las dilaciones en abrir un segundo frente en el occidente de Europa, que aliviara al Ejército Rojo.

Asimismo los Aliados estaban constituyendo un cuartel general encabezado por el general Eisenhower, con vistas al asalto masivo a la Europa continental que sabían que en algún momento sería inevitable realizar (en principio se esperaba hacerlo en el curso de 1943) y los planificadores solicitaban un ensayo de invasión a Francia para calibrar la reacción alemana.

Los políticos y altos mandos canadienses además, percibían que la moral de sus tropas estacionadas ya hacía tiempo en Inglaterra estaba decayendo, y aspiraban a hacerlas entrar en acción verdadera cuanto antes.

Se eligió entonces un movimiento agresivo -originalmente denominado “Rutter”-que había diseñado en 1942 el mando de Operaciones Combinadas que liderada Louis Mountbatten, cuyo objetivo era el asalto y breve ocupación de un sector de la costa francesa para provocar destrucción de defensas enemigas, tomar prisioneros y recoger información. Debe destacarse que el general Montgomery era sumamente escéptico respecto a Rutter, al que se opuso hasta su traslado a Egipto.

El plan fue rebautizado “Operation Jubilee” y para el desembarco se eligió Dieppe, un puerto de tamaño mediano atravesado por el río Arques, en el departamento de Seine-Maritime, en Normandía. El motivo era que estaba a una razonable distancia de la costa inglesa y dentro del alcance de la cobertura aérea.

Había un par de objetivos de inteligencia involucrados, también: el interés en conocer detalles de un radar instalado en la costa y apoderarse de la máquina de cifrado/descifrado Enigma de nueva generación, con cuatro rotores. Se intentaría asimismo eliminar embarcaciones que los alemanes tenían en el puerto y que podían servir para invadir las Islas Británicas.

Para ejecutarlo se reunió un contingente de unos 6.000 soldados, de los cuales la gran mayoría correspondía a dos brigadas de la 2ª. División de Infantería canadiense, con apoyo de tres compañías de ingenieros de combate, un regimiento de artillería de campaña, artillería antiaérea y elementos de sanidad.

Participarían además un millar de británicos (casi todos comandos), medio centenar de hombres del 1er.  Batallón de rangers estadounidenses (especialistas en misiones especiales) que se repartieron en los diferentes grupos de comandos, quince hombres (algunas fuentes mencionan veinte) de la Francia Libre.

La mencionada división canadiense había llegado a Gran Bretaña en 1939 y de acuerdo al desempeño en los entrenamientos a los que se sometió a partir de entonces, estaba considerada como una de las mejores tropas presentes en las islas. Su mando correspondía al general John Hamilton “Ham” Roberts, un respetado oficial de artillería con experiencia en la Primera Guerra Mundial.

La cobertura aérea de la operación quedó al mando del vicemariscal del aire Trafford Leigh-Mallory, con 66 escuadrones de la RAF y 8 canadienses.

Para el traslado de las fuerzas que participarían en Jubilee al otro lado del Canal de la Mancha se reunió una flotilla de 237 barcos y medios de desembarco, mandada por el capitán de la Royal Navy John Hughes-Hallett. El mando de la incursión estaba a bordo del HMS Calpe (L-71) un destructor escolta clase Hunt, pero -y esta omisión fue una contribución no menor al desastroso resultado de la operación- no había ninguna autoridad por encima de Robert y Hughes que coordinara las acciones de las fuerzas de las distintas ramas involucradas.

Jubilee comenzó con los dragaminas abriendo pasos en el campo de minas dispuesto por los alemanes en el Canal. En la noche del 18 al 19 las naves se dirigieron a los puntos de la costa francesa designados para los desembarcos. Los mismos eran:

en el extremo más occidental, en la margen derecha del río Saane, el Comando No. 4 inglés reforzado con un contingente de Rangers estadounidense. Su cometido principal era neutralizar las baterías costeras alemanas existentes en los acantilados de Varengeville.

Inmediatamente a su izquierda los regimientos South Saskatchewan y Queen’s Own Cameron Highlanders debían tomar tierra al este de la desembocadura del río Scie y apoderarse de Pourville.

En el flanco más oriental desembarcaría el Comando No. 3 británico sumado a unidades del Commando 10 (IA) interaliado (cuya “Tropa 1” reunía Franceses Libres y la “Tropa X” a refugiados de Europa oriental), para dominar las baterías costeras de los acantilados de Berneval – Petit Berneval.

El principal eje del ataque apuntaba al puerto y ciudad de Dieppe (a ambos lados de la desembocadura del río Arques) y debería efectuarse tras un breve bombardeo de las defensas alemanas por parte de los destructores y aviones. Estaba a cargo del regimiento Royal Hamilton Light Infantry, el regimiento Essex Scottish, el 14th. Army Tank Regiment (The Calgary Regiment [Tank]) y equipos de demolición de la marina, con una reserva embarcada compuesta del regimiento Fusiliers Mont-Royal (francófono) y el Comando “A” de la infantería de marina inglesa.

Los contratiempos sobrevinieron para los anglo-canadienses casi desde el principio. A las 3:47 de la madrugada del día 19 la barcaza que trasladaba al Comando No. 3 se topó con un convoy alemán. Algunas fuentes lo describen de cinco naves de carga escoltados por tres buques armados. Harald Hoiback en “Dieppe de nuevo: los dilemas de las operaciones conjuntas combinadas”  (Joint Force 73 , abril de 2014) citando al Daily Telegram del 19 de setiembre de 1942, señala que fueron “cinco o seis barcos enemigos que actuaban de escolta de un petrolero”.

Las cañoneras inglesas que acompañaban la invasión atacaron a los germanos; alcanzaron a dos barcos alemanes y los otros se retiraron. Pero una de las cañoneras fue averiada, varias barcazas de desembarco se hundieron y las demás debieron dispersarse.

Ese desafortunado encuentro alertó a las tropas alemanas de la costa y el factor sorpresa del ataque, por supuesto, se perdió. No cabe duda que si hubo un momento óptimo para abortar Jubilee y ahorrarse el subsiguiente desastre, fue ese.

De todos modos, a las 4:45 una barcaza solitaria con veinte comandos llegó a tierra en la llamada “Yellow Beach” y atacó a la batería de Berneval. A pesar de su inferioridad, el grupo se mantuvo combatiendo hasta que se quedó sin municiones y se vio obligado a replegarse sin experimentar bajas. Un rato después llegaron a los acantilados otros componentes del Comando No. 3, ya a la luz del día. Murieron 38 (entre ellos el ranger norteamericano teniente Edward V. Loustalot, el primero de esa nacionalidad caído en Europa en esta guerra) y 82 fueron tomados prisioneros, sin poder llegar al pueblo de Petit Berneval.

En el extremo oeste del desembarco (playa “Orange”) los 252 hombres del Comando No. 4 tuvieron mejor suerte. Destruyendo seis piezas de artillería, abatieron 108 alemanes a la bayoneta “y a las 7:30, tal como estaba planificado, embarcaron y volvieron a casa, llevándose a sus heridos, a los cuatro supervivientes alemanes y unos huevos recién puestos que les había regalado una anciana francesa.” (Douglas Botting, Time-Life, Barcelona, 1995).

A la izquierda del Comando No. 4 (en playa “Green”) los Saskatchewan y los Cameron debían eliminar los cañones emplazados en los acantilados en Pourville. A la derecha del Comando No. 3 (en playa “Blue”) el Black Watch (Royal Highland Regiment) tenía el cometido de neutralizar las baterías en los acantilados de Puys. Controlar esos puntos era crucial para proteger el desembarco principal sobre el puerto de Dieppe, de la artillería pesada germana. Los Royal sufrieron bajas espantosas intentándolo, pero sin éxito.

El South Saskatchewan pudo ir más allá del pueblo de Pourville y enfrentarse con los alemanes que defendían las granjas (la llamada Aux Quatre-Vents había sido fuertemente fortificada). Por tres veces lanzaron ataques sobre el puente sobre el Scie en dirección a Dieppe, pero finalmente tuvieron que retroceder.

Una sección especial de los Saskatchewan se reservaba una misión de inteligencia del más alto nivel: escoltar al experto británico en radares de la RAF Jack Nissenthal para infiltrarse en la estación de detección clase Freya que los alemanes tenían ubicada entre Pourville y Dieppe y determinar secretos de su funcionamiento. Hay múltiples versiones sobre lo que realmente pasó. Lo cierto es que la defensa germana impidió llegar hasta las instalaciones, por lo que Nissenthal cortó algunos cables telefónicos que servían a la estación para que sus datos pudieran ser monitoreados en Gran Bretaña. Solamente el técnico de la RAF y uno de los diez miembros de la patrulla canadiense pudieron salir con vida de esta incursión.

Media hora más tarde llegaron a la playa Green los Cameron Highlanders, encabezados por un gaitero al modo tradicional. Estos últimos fueron los canadienses que pudieron penetrar más profundamente en territorio enemigo (unos 3 km) intentando tomar el aeródromo Saint-Aubin-sur-Scie pero experimentaron muchas bajas sin lograrlo. Finalmente, imposibilitados de progresar más y sin recibir los refuerzos que esperaban de parte de los tanques, ambos regimientos se retiraron combatiendo y sufriendo hasta que pudieron ser evacuados.

Como ya fue dicho, el desembarco del Royal en playa Blue -con los alemanes ya sobreaviso- fue una carnicería. Los defensores disparaban sobre las barcazas que se aproximaban con cañones, morteros y ametralladoras desde fortines y cuevas que dominaban la playa. Se produjo un caos total, aumentado por la interrupción de las comunicaciones. Poco después de las 8 de la mañana, los canadienses que pudieron sobrevivir debieron rendirse. El Royal Regiment, una unidad considerada de élite del ejército de Canadá, sufrió en aquella aciaga jornada, bajas de un 94,5%.

A bordo del HMS Calpe, alejado de la costa a la que ocultaban las cortinas de humo y con escaso contacto radial con las fuerzas de invasión, los mandos ignoraban el tétrico curso que iban tomando los acontecimientos para sus hombres y lanzaron el ataque principal sobre el pueblo mismo de Dieppe, precedido de un breve bombardeo con los destructores, bombarderos Hudson y cazas Hawker Hurricane.

Los Essex Scotish desembarcarían a la izquierda (playa White) y los Hamilton a la derecha (playa Red). Tras ellos, una vez despejada la playa, lo haría el regimiento Calgary con los medios acorazados. Esta acción sería el bautismo de fuego para los nuevos tanques de infantería A22 Churchill (el sucesor del venerable Matilda).

Cuando el bombardeo preparatorio terminó y las barcazas estaban próximas a la costa, los alemanes desataron un fuego infernal desde posiciones protegidas en los acantilados y desde las casas que daban frente al paseo marítimo del pueblo. Los escoceses del Essex trataron por tres veces cruzar la rambla pero en una hora de combate perdieron alrededor del 75% de sus efectivos y debieron quedarse bajo intenso fuego, inmovilizados al precario amparo del malecón.

Los Hamilton lograron ingresar al edificio del Casino y lo fueron conquistando sala por sala. Tomaron después algunas otras construcciones (como el cine y una iglesia) pero finalmente se vieron detenidos por la creciente resistencia alemana y al quedarse sin municiones debieron replegarse.

Los carros de combate del regimiento Calgary, que había llegado a tierra transportados en barcazas especiales TLC, tuvieron que hacer frente a sólidas defensas antitanque hechas con bloques de hormigón, contra los que los pequeños cañones de los Churchill eran impotentes. Los zapadores por su lado, habían sufrido bajas significativas y no pudieron demoler esos obstáculos.

Además los tanques llegaron con entre diez y quince minutos de retraso, lapso crucial durante el cual la infantería se vio privada de apoyo de fuego. Cuando los carros alcanzaron la playa ya el avance había perdido el impulso inicial y los blindados quedaron atascados sin poder entrar al pueblo, siendo fácil presa de la artillería alemana.

De acuerdo a Hugh G. Henry (The Calgary Tanks at Dieppe, University of Cambridge, 1995): “Aunque solo un TLC se hundió, los otros sufrieron daños tan severos que tuvieron que ser remolcados de regreso a Inglaterra. De los 29 tanques que intentaron subir a tierra, dos se hundieron y el resto llegó a la orilla. De estos 27, 15 cruzaron el malecón, aunque 10 finalmente volvieron a la playa en la zona del Casino…los dos envíos restantes…un total de 28 tanques, nunca fueron enviados.”

A la hora 11 el oficial de mayor graduación en tierra, mayor Allen Glenn, comandante del escuadrón “C”, dispuso que los tanques que pudieran hacerlo se replegaran a la playa y protegieran el reembarque de la infantería. Una hora más tarde todos los blindados estaban inmovilizados, aunque muchos siguieron disparando mientras contaron con proyectiles.

El general Roberts creía que las cosas en tierra iban mejor para los canadienses de lo que en realidad sucedía. Confiado en que los tanques habían sobrepasado la playa, entrado al pueblo, y estaban dando apoyo cercano a la infantería, envió a tierra sus reservas -el regimiento Mont-Royal y los comandos de la Real Infantería de Marina- para completar lo que pensaba que venía siendo una acción exitosa.

Incluida en el Commando No. 40 iba una unidad especial, la «Unidad de Asalto 30», con una misión secreta que había sido planeada por el oficial de la inteligencia naval británica Ian Flemming (quien después daría vida al personaje de James Bond): un grupo de cinco alemanes huidos de Checoslovaquia debía irrumpir en el cuartel general alemán en el Hôtel Moderne y apoderarse de alguna de las nuevas máquinas de cifrado/descifrado Enigma de cuatro rotores con la que los alemanes habían sustituido al modelo anterior (de tres) cuyo funcionamiento había sido parcialmente decodificado por los criptoanalistas de Betchley Park.

Pero cuando los comandos salieron de entre el humo, advirtieron en la playa un inesperado escenario de devastación. El jefe del comando, coronel Joseph P. Phillips, se calzó entonces guantes blancos y agitó los brazos para advertir a las barcazas que seguían a la suya logrando que volvieran a la flota, hasta que el fuego alemán lo abatió junto a los que lo acompañaban. El comando especial 30 AU que debía irrumpir en el cuartel general alemán, no tuvo oportunidad de acercarse al mismo.

Los cazas de la RAF y la RCAF combatieron hasta el final de modo incansable, para cubrir en lo posible a las martirizadas tropas que se debatían en tierra.

Ya a las 9 de la mañana, los jefes a bordo del Calpe se fueron convenciendo de que Jubilee iba rumbo al fracaso y decidieron la evacuación de las playas, fijándola para las 11. La retirada fue caótica y provocó más bajas entre los aturdidos soldados. A las 13:08 llegó la última comunicación desde la orilla anunciando la rendición total y a las 13:30 -tras una aproximación del Calpe a la costa para proteger con disparos de sus cañones la eventual retirada de rezagados- los barcos aliados pusieron proa de regreso a Inglaterra.

La “incursión de Dieppe” se saldó con un elevadísimo número de bajas para los atacantes: de acuerdo a la oficina gubernamental que atiende los asuntos relativos a los veteranos de guerra, de 4.963 canadienses que participaron de la invasión 907 fallecieron y 1.946 terminaron en los campos de prisioneros.

Los rangers estadounidenses tuvieron 17 bajas entre muertos, heridos y prisioneros. De 1.075 ingleses, se perdieron 247. El Comando 10 interaliado experimentó 20 bajas mortales.

La Real Fuerza Aérea acumuló la mayor cantidad de aviones abatidos en un solo día de la guerra: 106. La Real Fuerza Aérea Canadiense perdió 13 aparatos. Fallecieron 62 hombres.

En cuanto a los alemanes, perdieron 48 aviones, 2 barcos (incluyendo el cazasubmarinos UJ-1404 a raíz de una mina) y 591 hombres.

Después de aquel aciago día, se han ensayado innumerables explicaciones sobre los motivos de tan funesto desastre. Aquellos que directamente decidieron y planearon Jubilee (con Mountbatten a la cabeza) insistieron en que con esta operación se aprendieron lecciones que permitieron dos años más tarde el exitoso desembarco aliado en Normandía. Esta visión ha perdurado en el tiempo; véase el título del libro de Henry Buckton “Dieppe: a necessary failure” (Amberley Publisher, Gloucestershire, 2022).

Pero muchos otros analistas militares en cambio, no han visto motivo para tanta autocomplacencia manifestada por los responsables de la incursión de Dieppe.

Por ejemplo, se señalan fallas garrafales de inteligencia. El plan aliado se basaba en el supuesto (que la realidad no confirmó sobre el terreno) de que las fuerzas alemanas en las áreas elegidas para los desembarcos eran escasas y de baja calidad.

Los soldados germanos de la 302.Infanterie-Division del Tte. Gral. Konrad Haase que defendían la zona de la invasión eran -como normalmente ocurre con los servicios de guarnición en defensas estáticas- en muchos casos de mayor edad que la media de la Wehrmacht y provenían de poblaciones “racialmente aceptables” de Polonia o Checoslovaquia. También eran pocos en relación a la amplitud del área que debían proteger (el desembarco se produjo en un frente de unos 18 km).

Pero contaban con buena provisión de cañones, morteros, granadas de mano y armas automáticas, y estaban amparados en fortines bien protegidos. Y si bien no llegó a entrar en combate, a 40 millas de Dieppe estaba estacionada y fue puesta en alerta la 10a. División Panzer, que se hallaba en fase de reorganización en la región de Laon-Amiens tras su desgaste en el frente ruso.

También eran eficientes los obstáculos anticarro y las alambradas de púas dispuestos frente a la costa y en torno a los lugares que requerían mayores defensas. Los Churchill demostraron tener un blindaje resistente, pero su artillería -cañones de 2 libras (40 mm) en uno de sus modelos y de 6 libras (57 mm) en otro- resultó demasiado débil.

Otro error devino del insuficiente conocimiento de las reales condiciones del terreno en los puntos de desembarco, consistente en su mayoría en playas de cantos rodados que impedían atrincherarse a la infantería y provocaron averías a las cadenas de muchos tanques.

El plan mismo tenía aspectos reprochables. En especial, era excesivamente rígido y salvo los comandos, que exigieron (y obtuvieron) autoridad para poder tomar sus propias decisiones una vez en el campo, el resto debió apegarse a lo previsto aun cuando se hiciera patente que las cosas estaban saliendo cada vez peor. Las comunicaciones de las unidades combatientes se interrumpieron casi en su totalidad por las bajas experimentadas entre los operadores y la destrucción de sus equipos, lo cual contribuyó a la ceguera del mando embarcado respecto a lo que en realidad ocurría en la costa.

Aunque se sacrificara la sorpresa en la cual se basaba buena parte de la viabilidad del plan, podría haberse apelado a un ablandamiento previo de artillería naval y bombardeos aéreos, de mayor intensidad, que aturdiera a los defensores.

También hubiera sido indicado apelar a tropas aerotransportadas para desorganizar las defensas alemanas en la retaguardia y bloquear la eventual llegada de refuerzos.

Tal vez lo más útil que los aliados pudieron rescatar de la horrenda experiencia de Dieppe, fue que el afortunado golpe de mano sobre los diques de Saint-Nazaire difícilmente tendría oportunidad de repetirse y que, por el contrario, los ataques masivos y frontales a un puerto bien protegido no tendrían posibilidades de éxito en el futuro. Antony Beevor (La Segunda Guerra Mundial, pág. 478) escribió:

“El ataque…supuso una lección muy dura, aunque por lo demás previsible. Convenció a los Aliados de que los puertos bien defendidos no podían ser conquistados desde el mar, de que los desembarcos debían ir precedidos de bombardeos aéreos y navales masivos y, lo que era más importante, de que la invasión del norte de Francia no podría emprenderse antes de 1944”.

Para los alemanes, Dieppe fue una innegable victoria. Sus estrategas más lúcidos, como Von Rundstedt, igualmente se cuidaron de creer que los Aliados no sacarían adecuadas conclusiones de aquel revés: “sería un error creer que el enemigo montará su próxima operación de la misma manera”, expresó. Pero para muchos (seguramente Hitler entre ellos) el Atlantikwall era inexpugnable.

ENCUENTRAN AL «SAMMY B.»

El día 22 del pasado mes de junio fue hallado el pecio de un destructor estadounidense legendario: el USS Samuel B. Roberts (DE-413), hundido el 25 de octubre de 1944 en el curso de la llamada “batalla de Samar” -en el marco de la gran batalla naval del golfo de Leyte, Filipinas- cuando enfrentó a una formación abrumadoramente superior de acorazados y cruceros pesados japoneses. La batalla del golfo de Leyte (o Segunda Batalla del Mar de Filipinas) se considera el mayor enfrentamiento naval de la historia, y el último en el que la artillería embarcada tuvo todavía un papel significativo.

El barco

El Roberts (conocido coloquialmente en la Armada norteamericana como “Sammy B.”) fue un destructor de escolta de la clase John C. Butler, de la que el C/N (r) Francisco Valiñas en su libro Historia del Destructor Escolta (Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial, Mont., 2020, pág. 136) informa que fue “la última construida por EEUU en la Segunda guerra Mundial.”

La previsión inicial para la serie era de 293 unidades. Finalmente se construyeron 85 durante la guerra, dos se terminaron una década después y el resto se cancelaron. Las dimensiones generales eran 93,3 m (306’) de eslora, 11 m (36,1’) de manga y 3,35 m (11’) de calado. Desplazaban 1.350 tn estándar y 1.745 tn a plena carga. La propulsión era de turbinas a vapor engranadas a dos ejes y alcanzaban velocidad máxima de 24,7 nudos.

El Samuel B, Roberts fue lanzado el 20 de enero de 1944 en el astillero Brown Shipbuilding Co. de Houston (Texas). El armamento consistía en dos cañones de doble propósito de 5”/38 cal. en torres cerradas simples, dos montajes dobles antiaéreos de 40mm, 10 piezas antiaéreas de 20 mm, 3 tubos lanzatorpedos de 21”, un mortero de proyección frontal Hedgehod, 8 proyectores Mark 6 y dos racks para cargas de profundidad.

Entró en servicio el 28 de abril siguiente, sirviendo siempre bajo el mando del teniente comandante Robert W. Copeland.

La batalla

En 1944, cuando los japoneses se convencieron de que el objetivo de las fuerzas estadounidenses iba a ser Filipinas, pusieron en marcha la alternativa 1 de su plan de operaciones denominado “Operación SHO”. Consistente con la enrevesada organización que la Armada Imperial nipona daba a sus grandes planes, esta opción incluía cuatro fases:

  1. Ataque a la fuerza invasora enemiga en cuanto la misma alcanzara una distancia de 700 millas de las bases aéreas en tierra.
  2. Concentración de la Fuerza Móvil de la Marina en Tawi Tawi (Brunei, en la isla de Borneo) y su movilización para enfrentar a la flota enemiga de en la zona de invasión.
  3. Las formaciones de batalla de la Fuerza Móvil se enfrentarían a la flota de invasión estacionada frente a las playas de desembarco.
  4. Los últimos portaaviones japoneses, remanentes de las derrotas en Midway y Salomón, servirían de señuelo para que los portaaviones norteamericanos mayores desprotejan la flota de invasión.

Richard Humble (La flota de Alta Mar japonesa, ed. San Martín, Madrid, 1974, pág. 135) afirma respecto a la ”Operación SHO” : “No era un plan razonable -no lo fue ni nunca pudo haberlo sido-.”

El asalto estadounidense a Filipinas en el golfo de Leyte comenzó el 20 de octubre de 1944. La Segunda Fuerza de Ataque japonesa -mandada por el almirante Takeo Kurita- estaba organizada en dos grupos: uno integrado por los acorazados Yamato y Musashi (71.560 tn a plena carga, 9 cañones de 460 mm, los mayores del mundo) y el veterano Nagato, y el segundo por los acorazados Kongo y Haruna. Las naves capitales iban rodeadas por una escolta de cruceros y destructores.

La ofensiva de Kurita empezó con malos augurios: la mañana del día 23 cuando dichas poderosas fuerzas japonesas entraban al mar de Sibuyan fueron torpedeadas por dos submarinos estadounidenses. El USS Darter hundió al crucero pesado Atago (insignia de Kurita, quien debió trasladar su enseña al Yamato) en tanto el USS Dace hundió al crucero pesado Maya.

Después llegaron los aviones norteamericanos. Las bombas eran ineficaces contra el recio blindaje de los acorazados, pero los torpederos tuvieron mejor suerte. Se supone que diecinueve torpedos y quince bombas acertaron al gigantesco Musashi y en cuatro horas lo enviaron al fondo del mar.

Kurita hizo retroceder a su escuadra. Esto engañó a los estadounidenses, que pensaron que estaba abandonando definitivamente la lucha. Pero Kurita volvió a arrumbar hacia el norte y cuando salió del estrecho de Santa Bernardino el almirante “Bull” Halsey, que con su Tercera Flota estadounidense debía vigilarlo, había abandonado la zona para dirigirse al norte para enfrentar a la fuerza-señuelo del almirante Jizaburo Ozawa, que tenía la misión de atraer a los portaaviones norteamericanos alejándolos de la Fuerza Móvil japonesa que se dirigía hacia la bahía de Leyte para obstaculizar el desembarco de las tropas de MacArthur.

En su camino, Kurita se topó con la formación estadounidense Task Unit 77.4.3 (conocida como Taffy-3) mandada por el contralmirante Clifton Sprague, integrada por seis portaaviones escolta y un acompañamiento de seis destructores. Los portaaviones escolta eran pequeños, lentos, sin blindaje, construidos a partir de cascos de buques cisterna y que tenían el propósito de dar apoyo aéreo cercano y protección antisubmarina a las operaciones de desembarco.

Sin tiempo de situarse de proa al viento, Sprague puso en el aire como pudo sus aviones y ordenó a los destructores que atacaran a los barcos japoneses con torpedos, mientras intentaba refugiarse en un área de tormenta. Primero atacaron los tres destructores clase Fletcher encabezados por el USS Johnston (DD-557) y después los tres destructores escolta clase John C. Butler (entre ellos el Samuel B. Roberts).

Los destructores maniobraron para cubrir la retirada de los portaaviones, emitiendo nubes de humo y atacando con torpedos y sus cañones de 5 pulgadas (127 mm). Algunos se acercaron tanto a las naves enemigas que pudieron castigarlas con sus armas antiaéreas de 20 y 40 mm, mientras que los japoneses no podían deprimir lo suficiente sus grandes cañones como para acertarles. Se dijo que en esa batalla, los destructores norteamericanos “lucharon como acorazados”.

En esta batalla de Samar, la marina estadounidense perdió a los destructores USS Johnston, USS Hoel (DD-533) y Roberts, así como el portaaviones escolta que navegaba en el flanco más expuesto de la formación, el USS Gambier Bay (CVE-73), mientras que el portaaviones escolta USS St. Lo (CVE-63) se convirtió en el primer barco de guerra hundido a raíz de un ataque de aviones kamikaze.

El Roberts -cuyo hallazgo tratamos aquí- antes de ser abandonado por su tripulación y hundirse por las averías que le provocó la artillería del acorazado Kongō, pudo acertar un torpedo en la popa del crucero pesado Chōkai y cañonear el puente y la torre artillera No. 3 del crucero Chikuma.

Pero Kurita, desprovisto de apoyo aéreo tanto desde plataformas flotantes como de las bases en tierra, estimó que enfrentaba a una formación enemiga más poderosa de lo que la Taffy-3 era en realidad y optó por arrumbar al norte y retirarse a través de San Bernardino.

El hallazgo

Los restos del gigantesco Musashi fueron encontrados en el Mar de Sibuyan, a 1.000 m de profundidad, por Paul Allen (cofundador de Microsoft, ya fallecido) el 13 de marzo de 2015.

En 2019 el ex comandante de la marina estadounidense Victor Vescobo y titular de la empresa de exploración texana Caladan Oceanic, hizo un primer hallazgo de restos del USS Johnston frente a la isla Samar, a 6.450 m la superficie (en su momento, la mayor a la que fuera encontrado un barco hundido). El propio Vescobo pudo reconocer el sitio del naufragio con el sumergible tripulado DSV Limiting Factor, desplegado desde el barco de investigación DSSV Pressure Drop, en abril de 2021.

El mismo Vescobo -junto con el especialista en sonar francés Jeremie Morizet- identificó el pecio hundido del Samuel B. Roberts el 22 del pasado mes, tras realizar cinco inmersiones en un período de ocho días en conjunto con el ingeniero australiano Tim Macdonald y la firma de buceo Eyos Expeditions. El Sammy B. está partido en dos trozos separados unos diez metros entre sí, a 6.895 m bajo la superficie del mar. Constituye ahora por tanto, el naufragio hallado a mayor profundidad hasta la fecha.

Vescobo ha expresado su interés en hallar también al portaaviones USS Gambier Bay, aunque no hay datos muy precisos sobre su ubicación. Se supone que puede estar hundido a más de 7.000 m de profundidad. No han obtenido información suficiente como para establecer un área de búsqueda para el USS Hoel.

Al momento de escribir esta entrada en nuestro blog, el sitio de Internet Marine Traffic informa que el Pressure Drop se encuentra surto en el puerto de Guam, seguramente preparando una nueva exploración.

POLONIA, URUGUAY Y LAS GUERRAS.

Por alguna razón, un par de veces las autoridades polacas utilizaron a Uruguay para ocultar el comercio o la fabricación de armas que se utilizaron en algunos de los conflictos bélicos más notorios del siglo XX.

De acuerdo al autor estadounidense Steven J. Zaloga:

“El Renault FT fue el primer carro de combate del mundo moderno. Sentó las bases de la configuración básica que los carros han seguido desde 1917 hasta hoy: el cañón principal estaba colocado en una torre que podía girar totalmente, el conductor se situaba delante, la torre en el centro y el motor detrás. Fue fabricado en mayor cantidad que cualquier otro carro de la Gran Guerra. La mayoría de carros de la Primera Guerra Mundial desaparecieron -merecidamente- después de 1917. El Renault FT continuó en servicio y fue la semilla a partir de la cual se construyeron las mayores fuerzas acorazadas del mundo, las de Francia, Estados Unidos y la Unión Soviética, así como las de muchos otros ejércitos menores. Fue ampliamente utilizado en las guerras coloniales y civiles de los años de entreguerras, e incluso entró en combate en varios frentes de la Segunda Guerra Mundial.” (El carro ligero Renault FT, Osprey/RBA, Barcelona, 2000, pág. 3).

Finalizada la 1ª. Guerra Mundial, Polonia utilizó intensivamente el Renault FT (o Renault FT17) en su enfrentamiento con la Unión Soviética entre 1919 y 1921. Posteriormente, adquirió algunos ejemplares -incluso varios equipados con radio- más para cubrir las pérdidas experimentadas en ese conflicto. Según Zaloga (op. cit., pág. 40) “a mediado de los años 30 el inventario polaco contaba con 174 Renault”, algunos de los cuales eran variantes NC-1 y otras.

España en 1936, al iniciarse la guerra civil, tenía diez tanques Renault FT repartidos en los regimientos 1º. y 2º. de Carros Ligeros de Infantería. El 1º. destacado en Madrid quedó en manos de la República y el otro, en Zaragoza, en poder de los sublevados.

Los republicanos sufrieron un bloqueo que dificultó enormemente el aprovisionamiento de armas y equipos para sostener su esfuerzo bélico, debiendo apelar a diversos subterfugios para su obtención. Sus Renault-17 se usaron en la defensa de la capital española y, escribe Zaloga: “… fueron reforzados en 1937, cuando Polonia vendió 16 de sus Renault ‘a Uruguay’, terminando estos FT en España, con las fuerzas republicanas” (pág. 43).

Otra arma que Polonia enmascaró con el nombre de nuestro país, fue su rifle antitanque karabin przecwpancerny wzór 35 (kb ppanc wz. 35). La misma había sido diseñada por Józef Maroszek en base al Mauser Gewher 98, que fue modificado para dotarlo de mayor poder de penetración.

Su desarrollo y producción se hicieron en el mayor secreto. Hasta la invasión nazi, los rifles contracarro se almacenaron en cajas que supuestamente contenían instrumentos de observación y rotuladas con la advertencia de “no abrir”. Estaban marcadas además con el nombre del país al que supuestamente esos instrumentos eran exportados: Urugwaj (Uruguay). Por eso también se conocían en clave como kb Urugwaj o kb Ur.

Con la derrota polaca, los alemanes se apoderaron de un gran número de estos rifles anticarro, de los cuales cierta cantidad fue vendida a Italia, donde se denominó Fucile Contracarro 35 (P). La Unión Soviética utilizó elementos del kb ppanc wz. 35, especialmente su sistema de cerrojo, para desarrollar su propia arma, el PTRD (Protivo Tankovoye Ruzhyo Degtyaryova, “fusil antitanque Degtyaryova”).

CHAVÍN DE HUÁNTAR: 25 AÑOS

El 22 de abril se cumplieron 25 años del asalto de las tropas especiales peruanas al edificio de la representación diplomática japonesa en el N° 210 de la calle Thomas A. Edison, barrio San Isidro de Lima. La misma había sido tomada meses atrás por terroristas y desde entonces permanecía en manos de éstos, junto con un numeroso grupo de rehenes.

Los acontecimientos comenzaron el 17 de diciembre de 1996, en ocasión de la fastuosa recepción que ofrecía el embajador nipón Morisha Aoki celebrando el cumpleaños del Emperador Akihito con la asistencia de relevantes personalidades de los estamentos políticos, diplomáticos, militares, eclesiásticos y sociales del Perú.

Un grupo de catorce miembros de la organización guerrillera marxista leninista Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) que se habían acercado al lugar en una camioneta camuflada como ambulancia, irrumpieron en la fiesta disparando sus armas, dominaron a los guardias de seguridad y se hicieron fuertes -con alrededor de 600 rehenes en principio- en el interior del edificio.

La organización sediciosa había sido creada entre 1982 y 1983 pero, para entonces, habían sufrido la enérgica política contrasubversiva llevada adelante por el presidente incaico Alberto Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos. La toma de la embajada japonesa -conducida por Luis Néstor Cerpa Cartolini a. Comandante Evaristo– tenía el propósito de recuperar la iniciativa militar y aliviar la situación de los numerosos guerrilleros encarcelados.

Los emerretistas realizaron su asalto equipados con fusiles Ak-47, pistolas, granadas de mano, lanzacohetes, explosivos y máscaras antigases.

En la primera hora y media del ataque, se permitió la salida de mujeres y niños, quedando retenidos 379 rehenes. Los terroristas expusieron como exigencias para su liberación la puesta en libertad de 465 miembros de la organización que se encontraban presos (entre ellos Nancy Gilvonio, esposa de Cerpa), el abandono por parte del gobierno de políticas económicas tildadas de antipopulares y la mejora en la situación de los presos en las cárceles del Perú.

Se entablaron negociaciones entre los emerretistas y el gobierno, a través de una Comisión de Garantes integrada por el obispo de Ayacucho Juan Luis Cipriani, el jefe del Comité Internacional de la Cruz Roja en Lima Michel Minnig y el embajador canadiense Anthony Vincent (uno de los rehenes liberados por los   guerrilleros), buscando una salida pacífica. La posición del gobierno japonés era que no se adoptara ninguna medida que pusiera en peligro la integridad de las personas retenidas.

Pero en la medida en que el presidente Fujimori no estaba dispuesto a acceder a ninguna de las exigencias de los subversivos, las tratativas se fueron dilatando sin mayor éxito.

La situación cobró un cariz alarmante cuando el 27 de enero de 1997 un blindado policial realizó acciones de hostigamiento sobre el edificio de la residencia diplomática, y fue tiroteado por los guerrilleros. El gobierno japonés decidió presionar más activamente, a través de su enviado Terusuke Tekada, a las autoridades peruanas para solucionar la crisis cuanto antes y a principios de febrero, pareció que las negociaciones se encauzaban satisfactoriamente.

Pero en realidad el gobierno incaico se había decidido desde un primer momento a resolver el conflicto por la vía militar. Actuando de modo parecido a las autoridades de Israel cuando el secuestro del avión de Air France que culminó con la acción de Entebbe los peruanos, mientras manipulaban en cierta forma a los garantes aparentando la búsqueda de una salida pacífica, se pusieron en marcha los preparativos para asaltar la embajada por parte de una fuerza de comandos denominada Patrulla Tenaz compuesta por un núcleo principal proveniente de la 1ª. División de Fuerzas Especiales del Ejército junto a 43 infantes de la Marina de Guerra.

La planificación -denominada Nipón 96- a cargo de las Fuerzas Armadas en conjunto con el Servicio de Inteligencia Nacional, recibió asesoramiento de agencias de Gran Bretaña, Francia e Israel y fue supervisada por el propio Fujimori.

Las tropas de élite seleccionadas se prepararon en la base Las Palmas en el distrito de Chorrillos de Lima, estudiando una maqueta del edificio diplomático elaborada al efecto y practicando especialmente las técnicas TIS (tiro intuitivo selectivo) y CQC (close-quarter combat, combate en recintos cerrados).

El mando principal correspondió al responsable del Centro de Operaciones Tácticas, general Augusto Patiño. El diseño del plan estuvo a cargo del Cnel. José W. Zapata, quien también estaría al mando de las tropas de élite que efectuarían el asalto a la residencia. El Cnel. Roberto Huamán se ocuparía de la obtención de información dentro del edificio.

El acceso al predio de la embajada japonesa se realizaría a través de una serie de túneles cavados desde casas vecinas por un grupo de sesenta mineros civiles. La obra fue dirigida por el Cnel. Jesús Samudio el que además, aseguró las casas vecinas con apoyo de la policía.

Los mineros trabajaron en tres turnos las 24 horas del día, abriendo prácticamente a mano las galerías subterráneas (que fueron dotadas de luz y ventilación) en el terreno arenoso. Las mismas tendrían tres salidas al interior del edificio, una de ellas bajo el pavimento del salón principal del edificio. La labor se hacía con el mayor sigilo procurando minimizar los sonidos para no alertar a los subversivos. Los ruidos se enmascaraban también con el sobrevuelo de helicópteros y altoparlantes de gran volumen emitiendo marchas militares.

Las tratativas entre las autoridades y los secuestradores, mientras tanto, se mantenían estancadas, a pesar de que estos últimos habían rebajado significativamente sus exigencias hasta reducirlas a la liberación de 35 presos (ninguno perteneciente al MRTA) y permitido la evacuación de los ocupantes de la embajada (en principio, se pensó que pudieran refugiarse a la República Dominicana).

Además, a pesar del secretismo, comenzó a filtrarse en la prensa la información de la construcción del túnel. Alarmado por estas noticias, Cerpa Cartolini redujo la asistencia médica a los rehenes, que hasta entonces era diaria, a una vez por semana.

La inteligencia peruana había logrado tempranamente, establecer comunicación con uno de los rehenes, el vicealmirante Luis Giampietri, a través de un aparato de radiomensajes (“beeper”) que había escapado a la requisa de los secuestradores. Además se pudieron introducir en la residencia diminutos micrófonos ocultos en instrumentos musicales y en una imagen religiosa.

Sin informarlo a la Comisión de Garantes, que seguía abocada a obtener un acuerdo, el día 22 de abril Fujimori dio orden de efectuar el ataque a la residencia. Diez minutos antes de producirse el asalto los rehenes -tras sucesivas liberaciones, quedaban todavía retenidos 72- fueron informados de la inminencia del mismo. Antes habían recibido indicaciones de vestirse con ropas claras para que los militares pudieran distinguirlos de los guerrilleros, que lucían ropas miméticas u oscuras.

Un avión equipado con sensores térmicos fue usado para determinar la ubicación de las personas dentro del edificio. En el túnel, bajo el piso, se instaló un potente micrófono que permitía captar las conversaciones de los guerrilleros.

La operación fue bautizada “Chavín de Huántar”, haciendo alusión a un sitio arqueológico de los Andes Centrales, a unos 400 km al norte de la ciudad de Lima, proveniente de una cultura preincaica de unos 3.000 años de antigüedad y donde se encontró un laberinto de elaborados túneles con enterramientos humanos y restos de cerámicas.

A la hora 15 y 23, transcurridos ya 126 días desde la toma de la residencia del embajador japonés por los emerretistas, una serie de tres grandes explosiones indicaron el inicio del asalto de las fuerzas peruanas. Se aprovechó el momento en que varios emerretistas se entretenían jugando fútbol sala.

“A las 14:30 hrs., los 140 efectivos de Fuerzas Especiales tomaron posición en los túneles y casas aledañas, esperando las órdenes definitivas. Cuarenta y siete minutos después, Fujimori, a través de un teléfono celular autoriza el inicio de la Operación. A las 15:23 hrs., tres detonaciones subterráneas hacen volar el piso de la sala, de la cocina, y del comedor, donde un grupo de terroristas jugaban fútbol. Las Fuerzas Especiales ingresaron por tres túneles que comenzaban en viviendas aledañas … A las 15:23:10 hrs., una veintena de francotiradores se distribuyeron en techos de casas y edificios vecinos … A las 15:23:25 hrs., otras agrupaciones de Fuerzas Especiales emergieron de las cuatro bocas del túnel principal y de otras dos, más pequeños, situados en el sector trasero del jardín … Luego, el tiroteo se tornó intenso … A las 15:23:32 hrs., salió el primer grupo de cuatro rehenes … A las 15:29 hrs., salió un segundo grupo de cinco rehenes. A las 15:33 hrs., en medio del enfrentamiento, veintinueve rehenes alcanzaron la terraza de la residencia y se pusieron a cubierto. A las 15:35 hrs., un grupo de rehenes japoneses fueron evacuados hacia un túnel que desembocaba en una casa vecina. A las 15:37 hrs., otro grupo de rehenes japoneses se descolgaron por una ventana y alcanzaron otro túnel que desembocaba en una casa vecina … A las 16:58 hrs., se ordenó el alto al fuego; las Fuerzas Especiales ocuparon totalmente el objetivo.” (El Comercio, 1997, pp.210-211).

“La operación se puso en ejecución de acuerdo con lo planificado, entrenado y ensayado. La operación se ejecutó sin mayores dificultades hasta la orden de abrir los accesos de los túneles en el punto final. En ese momento se produjeron imprevistos que fueron superados por soluciones alternas. En el interior de la residencia, los terroristas respondieron con fuego cruzado de ráfagas cortas y largas; en algunos casos, los terroristas dispararon sin control una gran cantidad de munición y arrojaron granadas. Las Fuerzas Especiales, de acuerdo a lo ensayado, respondieron con tiros controlados y del tipo «tiro a tiro», empleando armas con silenciador y con gran disciplina de fuego, lo que permitió hacer en varias oportunidades tiro cruzado en condiciones seguras; en el primer piso, las Fuerzas Especiales se enfrentaron con tres terroristas y en el segundo, con seis; durante las acciones, 25 efectivos de las Fuerzas Especiales resultaron heridos.” (HERMOZA, Nicolás; 1997).

En la acción fallecieron la totalidad de los subversivos. También el comandante Juan Valer cuando protegía al canciller Francisco Tudela y el capitán Jesús Jiménez por el estallido de una granada mientras asistía a un compañero herido, así como el miembro de la Corte Suprema Carlos Giusti (único rehén muerto).

Aunque la versión oficial daba cuenta de que todos los terroristas habían caído en combate, declaraciones posteriores de algunos de los rehenes (como el primer secretario de la embajada, Hidetaka Ogura) establecieron que observaron ejecuciones extrajudiciales de algunos emerretistas capturados con vida. Asimismo, exámenes forenses determinaron que al menos ocho de los guerrilleros fallecidos presentaban heridas consistentes con un tiroteo pero además, disparos en la parte posterior de la cabeza muy similares en todos, lo que hace presumir que fueron rematados de manera sistemática.

Sin perjuicio de lo cual, la operación Chavín de Huántar, de la que se ha cumplido el primer cuarto de siglo, puede ser considerada como uno de los rescates de rehenes más exitoso de la historia.

UN PRINCIPITO DE 79 AÑOS

El 4 de abril de 1943 la editorial neoyorquina Reynal & Hitchcock publicó en inglés y francés la pequeña novela El Principito, del piloto y escritor galo Antoine de Saint-Exupéry, obra que se transformaría en una de las más leídas de la historia.

El conde de Saint-Exupéry, nacido en Lyon el 29 de junio de 1900, fue un apasionado de la aeronáutica, en la que se inició cuando cumplía el servicio militar obligatorio en 1921.

Participó como piloto en las líneas que transportaban correspondencia entre Toulouse y el sur de España y el Sahara español. En 1927 como jefe de la sede en Cap Juby, volando entre Dakar y Casablanca. Esta experiencia dio lugar a su obra Courrier Sud (“Correo del Sur”) publicada por Gallimard en 1929.

El 12 de octubre de 1928 Saint-Exupéry se instaló en Argentina como director de la filial local de la empresa Compagnie Générale Aéropostale que transportaba correo hasta la Patagonia. Sus vivencias en los cielos sudamericanos le inspiran su libro Vol de Nuit (“Vuelo Nocturno”) publicado por la editorial Blanche en diciembre de 1930 con prefacio de André Gide, con el que obtuvo gran éxito de lectores.

El 31 de julio de 1930 a los mandos de un Latécoère 28 aterrizó en el aeródromo montevideano de Melilla, proveniente de Buenos Aires. Lo acompañaban el mecánico Alfredo Vitolo y como pasajeros seis médicos argentinos.

En 1931 Aéropostale se enfrenta a la quiebra (terminará fusionada con otras cuatro empresas para constituir en 1933 Air France). Perdido el empleo, Saint-Exupéry se sume en la depresión.

Como periodista, realizó reportajes sobre Indochina, Moscú, y como fotógrafo de Paris-Soir en 1937, estuvo en España durante la Guerra Civil.

Asimismo, trabajó como piloto de pruebas y abordó varios intentos por superar récords de aviación. Esto le valió experimentar accidentes y sufrir lesiones físicas.

En 1935 intentó obtener el premio de 150.000 francos por superar la marca de velocidad en el vuelo entre París y Saigón (actual Ciudad Ho Chi Minh) en Vietnam. Junto al mecánico André Prévost partió a los mandos de un monomotor Caudron C-630 Simoun matrícula F-ANRY desde Le Bourget, a las 7:07 del 30 de diciembre.

Hizo escala primero en Marsella y luego repostó combustible en Bengasi. Una falla mecánica obligó a un aterrizaje de emergencia sobre el desierto libio. Ambos pilotos no sufrieron heridas pero el aparato resultó destrozado. Desprovistos casi de alimentos y agua, salvaron milagrosamente la vida cuando un beduino los encontró cuatro días más tarde, severamente deshidratados, y los llevó hasta una población cercana.

A partir de esta dramática experiencia Saint-Exupéry escribió el relato autobiográfico Terre des hommes (“Tierra de Hombres”), publicado en febrero de 1939 por Gallimard. El libro fue merecedor del Premio Nacional del Libro y el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa.

En 1939 fue reclutado por la Armée de l’Air y asignado a una unidad de reconocimiento aéreo. Tras el armisticio, abandonó Francia y vía Lisboa viajó a los Estados Unidos; el 30 de diciembre de 1940 se instaló en Nueva York. Allí Saint-Exupéry escribió su obra más notoria, Le petit prince (“El Principito”), también protagonizada por un piloto accidentado en el desierto.

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Su forma de escritura sencilla y las ilustraciones que el propio autor pintó a la acuarela pueden parecer engañosamente infantiles, pero en realidad va dirigida a los adultos o, tal vez, a los niños que todos los adultos fuimos alguna vez. Es una profunda reflexión sobre valores superiores como la amistad, la confianza, la sinceridad, el amor, la responsabilidad, la vida en sociedad.

Algunas de sus frases han alcanzado dimensión universal y permanente; por ejemplo:

“Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan).”

“He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.”

“Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domésticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo…”

Días antes de salir a la venta, Saint-Exupéry abandonó Estados Unidos para unirse a las fuerzas de la Francia Libre en el norte de África. Por razones de edad y las múltiples lesiones que había experimentado a lo largo de su carrera de piloto, se le negó la posibilidad de participar en combate pero, ante su insistencia, fue autorizado a realizar misiones de reconocimiento.

El 31 de julio de 1944 Saint-Exúpery decoló en un aparato Lockheed P-38 Lightning versión F-5B desarmado desde el aeródromo de Bastia (Córcega) para un reconocimiento fotográfico sobre las defensas alemanas en el valle del Ródano, con vistas a la inminente invasión aliada a la Provenza. Habiendo sido captado por los radares alemanes, un caza Messerschmitt Bf 109 lo alcanzó sobre la bahía de Marsella y lo derribó. Estaba bastante apartado de la ruta fijada, y los esfuerzos por hallarlo fueron infructuosos.

El 30 de noviembre de 1945, libre París ya de la ocupación nazi y desaparecido su autor, Gallimard publicó finalmente Le Petit Prince en Francia.

En 1998, el pescador Jean-Claude Bianco encontró entre su captura, un brazalete de plata perteneciente al escritor. Basado en ese hallazgo, el buzo Luc Vanrell ubicó a 83 metros de profundidad escombros de un avión que finalmente, a partir del número de serie 2734 en el tren de aterrizaje, pudo ser identificado como el que pilotaba Saint-Exupéry el día de su desaparición.

Los pocos restos del avión recuperados, se exhiben actualmente en el Musée de l’Air et de l’Espace en Le Bourget.

En 2008 un ex piloto de la Luftwaffe -Horst Rippert- reconoció haber sido quien derribó el P-38 de Saint-Exupéry. Relató que había disparado a las alas del Lightning y lo vio caer al agua, y que el piloto -cuya identidad obviamente desconocía- no llegó a eyectarse.

Irónicamente, Rippert confesó que se había hecho aviador seducido por los relatos del escritor francés que leyó en su adolescencia.

BUEN LIBRO SOBRE LA RESISTENCIA

“Combatientes en las sombras. La historia definitiva de la Resistencia Francesa” (Taurus, Buenos Aires, 2017) es un libro de 645 páginas, incluyendo las listas de imágenes y mapas, las notas, las fuentes bibliográficas y el índice analítico.

Su autoría corresponde a Robert Gildea (n. 12-09-1952), doctorado en filosofía y actualmente profesor de Historia Francesa Moderna en el Worcester College de la universidad de Oxford.

“Combatientes en las sombras” representa un aporte de suma utilidad para apreciar el fenómeno de la resistencia antinazi en la Francia ocupada durante la Segunda Guerra Mundial en su verdadera dimensión -sin duda plena de sacrificios y heroísmo- más allá de la mitología con la que fue reescrita tras la liberación.

Gildea recupera testimonios y documentos personales para tratar de explicar los motivos que llevaron a quienes se afiliaron a la Resistencia, a enfrentarse a un enemigo poderoso y despiadado, ya en la acción clandestina en pueblos y ciudades como en el combate en campo abierto.

Basándose en un profuso aparato erudito, rescata a realidades y protagonistas que los relatos sucesivos posteriores sobre la Resistencia se encargaron de ir sumiendo en las sombras y que quedaron relegados de la memoria, los galardones y homenajes oficiales.

Entre ellas el papel desempeñado por las mujeres en general, y algunas particularmente astutas y valientes, por los republicanos españoles escapados del franquismo, los emigrados -muchos ellos judíos e incluso alemanes antifascistas- que huyeron de la persecución en el Este europeo, el clero tanto católico como protestante.

También las tensiones entre las distintas facciones de los que se oponían a los ocupantes alemanes, divididos por las ideologías de izquierda y de derecha, entre seguidores y opositores a los líderes de la Francia Libre instalados en Londres y los inevitables egos y ambiciones personales.

Se trata de una lectura necesaria para quien quiera tener una visión comprehensiva y actualizada del fenómeno de la Resistencia contra la ocupación nazi la que, más allá de las polémicas, representa un hito fundamental en la historia de la Segunda Guerra Mundial y la propia Francia.

¡O TEMPORA, O MORES!

En la pasada noche, el acervo histórico de Montevideo sufrió un nuevo menoscabo. Fue derribada la base de mampostería y robada la placa de bronce que estaban ubicadas en el enjardinado de un complejo habitacional al este de la calle actualmente llamada Presidente Ing. José Serrato, muy próximo a su cruce con la av. José Pedro Varela.

Dichos hitos recordaban el emplazamiento de un juzgado, una capilla y una guardia del ejército sitiador mandado por el Gral. Manuel Oribe, erigidos en el lugar durante la Guerra Grande, entre su cuartel general en la altura del Cerrito de la Victoria, la Villa de la Restauración (lo que hoy es el barrio de la Unión) y el puerto y aduana que funcionaban en el Buceo.

Esa zona se llamó por entonces “Quinta de los Olivos” y la referida calle, “Camino del Campamento” o “De los Olivos” (rebautizado calle Industrias en 1867 y luego con su nombre actual).

El sitio tiene su significado histórico para el país y relevancia en el proceso de urbanización de Montevideo. Merecía por lo tanto, su recuerdo y destaque.

Es doloroso asistir al menoscabo que los monumentos -desde los mayores y más icónicos hasta los modestos pero significativos como en el que hoy nos ocupa- sufren sistemáticamente a manos de vándalos y delincuentes.

65 AÑOS DE LA INSURRECCIÓN HÚNGA-RA

El 23 de octubre de 1956 -hizo de ello hace pocos días, 65 años- el pueblo húngaro se alzó contra el gobierno impuesto por la URSS y la presencia en el país de tropas soviéticas.

El movimiento se inició en círculos intelectuales y estudiantiles pero pronto fue acompañado por los trabajadores. A la cabeza del mismo fue designado como primer ministro Imre Nagy.

De acuerdo a María Dolores Ferrero Blanco (“La Revolución Húngara de 1956. El despertar democrático de Europa del Este”, Universidad de Huelva Publicaciones, 2018):

“En 1956, los húngaros impulsaron una revolución que buscó ante todo el final del sometimiento a la URSS y un cambio radical en las condiciones cotidianas de vida. Institucionalmente se concretaría por muy pocos días en lo que ellos denominaron un socialismo democrático como nunca se había planteado hasta entonces en Europa Oriental. Después de iniciarse con las protestas del movimiento estudiantil, las constantes presiones sobre los obreros respecto a sus rendimientos de trabajo, la omnipresencia de la policía hungara y del personal ruso civil y militar, fueron los factores que propiciaron una sublevación contra la falta de libertad e intolerancia y, sobre todo, contra el mísero nivel de vida. Cuestionó firmemente el régimen impuesto en Hungría por la URSS y luchó por un sistema de convivencia política que ya nunca después tuvo oportunidad de aplicarse.

“Los protagonistas de aquella revolución de 1956 fueron muy numerosos. Una de las cuestiones en las que hay una inusual coincidencia en las fuentes es que fue un estallido espontáneo, que buscó sus propios líderes más tarde, pero que tuvo lugar en toda Hungría y participó de ella todo el pueblo. Intelectuales y estudiantes habían creado un sustrato previo, pero todos los sectores sociales estuvieron presentes como en pocos momentos de la historia porque fue una insurrección en unas condiciones económicas insoportables y ello la dotó de adeptos muy decididos y seguros de lo inaplazable de un cambio.”

Como antes había ocurrido en Alemania Oriental en 1953 y en junio de ese mismo año de 1956 en Poznań (Polonia) el alzamiento del pueblo húngaro fue violentamente reprimido por las fuerzas soviéticas y los ortodoxos locales. Sucedería lo mismo en 1968 en Checoslovaquia, con el brutal aplastamiento de la llamada “primavera de Praga”.

El hondo resentimiento de los húngaros encontraría una oportunidad para expresarse físicamente unas semanas después, el 6 de diciembre, en ocasión del partido de waterpolo de la selección magiar ante los rusos, en los juegos olímpicos de Melbourne. El periodista José Luis Mateo escribió en El País de Madrid el 10 de agosto de 2012:

“Hubo algo de justicia poética: ganó Hungría, lanzada hacia el oro, pero en medio hubo puñetazos, patadas, sangre, y mucho más que una revancha. Pura, simple y mutua venganza.”