75 AÑOS DEL “HOMBRE QUE NUNCA EXISTIÓ” (conclusión)

En mayo de 1943 las últimas tropas de alemanes e italianos presentes en el norte de África, cayeron prisioneros de los ejércitos de Gran Bretaña y Estados Unidos. El siguiente paso de los Aliados en el Mediterráneo, sería el salto a las costas del sur de Europa.

Se eligió para la invasión -bautizada “Operación Husky” la isla de Sicilia (como acción secundaria, se ocuparía la pequeña isla de Pantelaria). Pero para confundir a los mandos ítaloalemanes, el servicio de Inteligencia británico puso en marcha un plan de engaño (“Mincemeat”) para hacerles creer que la invasión se dirigiría a la isla de Córcega y a Grecia, de modo que distrajeran tropas hacia esos escenarios.

Mincemeat (a cargo del comandante de la Royal Navy Ewen Montagu y un grupo de Chomonceleycolaboradores) había sido propuesto por Charles Cholmondeley a partir de una idea de Ian Fleming (creador luego del personaje literario James Bond) de 1939 y consistía en hacer llegar hasta una playa española el cadáver de un supuesto oficial británico como si fuera la víctima de un accidente aéreo en el mar, llevando consigo documentos secretos con los falsos puntos de invasión. La Inteligencia británica descontaba que las autoridades españolas harían llegar el contenido de esos documentos rápidamente, al espionaje alemán.

El lugar elegido para que el muerto llegara a tierra fue la costa de Huelva (Andalucía) donde los británicos sabían que con la tapadera del cargo de cónsul alemán operaba Adolf Clauss, un activo agente de la Abwehr -el servicio de inteligencia del Reich- bien conectado con destacados funcionarios franquistas y falangistas, cuyos informes gozaban de credibilidad en los altos mando nazis.

Terminamos la entrada anterior de este blog, cuando Montagu trasladó hasta Escocia, junto al corredor de autos Hock Horsfall, el cadáver de un indigente galés muerto en un hospital de Londres, ataviado como Mayor del Real Cuerpo de Marines y acondicionado en un cilindro de acero relleno de hielo seco para su conservación, y lo dejó a bordo del submarino HMS Seraph.

transporte al sub

El submarino con su macabro cargamento, al mando del teniente Norman Bill Jewell, abandonó su fondeadero en Holy Loch a las 18 horas del 19 de abril de 1943, navegando sin contratiempos hasta la posición frente a la costa española, desde donde dejaría el cuerpo del falso oficial de Marines (cuyas credenciales lo acreditaban como William Martin, capitán con asignación provisional de Mayor) para que las corrientes lo arrastraran hasta la orilla.

Mientras el Seraph se dirigía hacia el Mediterráneo occidental, Montagu y su equipo permanecían en Londres ocupados en nuevas tareas. pero devorados por la ansiedad a la espera de noticias de Mincemeat. Finalmente llegó desde el Seraph un mensaje cifrado avisando que la primera parte del plan, enviar el cuerpo hacia la costa, se había concretado. El submarino se dirigió luego a Gibraltar, y allí el día 30 de abril el Tte. Jewell redactó y envió al Almirantazgo un informe pormenorizado del desarrollo de la operación.

Cuando partió de Escocia, el comandante de la nave era el único que conocía el contenido del misterioso contenedor metálico que se había embarcado a bordo. Para el resto de la tripulación se había establecido que llevaba instrumentos ópticos con destino a Malta. Pero obviamente cuando se dispusiera de él cerca de España, esa versión sería insostenible. Así que se luego se informó que en realidad era una boya meteorológica secreta que había que mantener fuera del conocimiento de las autoridades españolas.

Montagu había encarecido al Tte. Jewell que mantuviera a la mayor cantidad posible de sus hombres, ignorando la verdadera naturaleza de la operación, para evitar posteriores filtraciones. Jewell hizo emerger su nave a una milla más o menos de un grupo numerosos de pesqueros españoles que se encontraban faenando, pero no fue visto. Hizo subir el cilindro a cubierta y luego envió a la mayor parte del personal al interior del submarino, permaneciendo fuera con un reducido grupo de cuatro oficiales, únicos a los que informó de la verdadera naturaleza de lo que se estaba por hacer.

Invasión

A la hora 4 y 15 a. m. abrieron el cilindro y extrajeron el cadáver, que venía envuelto en una manta; en ese momento comprobaron que su estado de conservación era mucho peor de lo esperado. Verificaron que tuviera la indumentaria en correcto estado, con las insignias en su lugar y el asa del maletín que llevaba los documentos destinados a engañar al enemigo (de cuero, con una corona real impresa y de aspecto común aunque diseñado para que no se mojara el contenido) aferrado por una de sus manos y unido al cinturón con una cadena. A continuación los oficiales adoptaron posición de firmes y Jewell se arrodilló e improvisó una breve ceremonia fúnebre, eligiendo de forma muy adecuada a las circunstancias, la lectura del Salmo 39:

Atenderé a mis caminos,

Para no pecar con mi lengua;

Guardaré mi boca como con un freno,

En tanto el impío esté frente de mí.”

Luego inflaron el chaleco salvavidas neumático amarillo tipo Mae West que el falso William CuerpoMartin llevaba en el pecho y deslizaron al muerto,  boca abajo al mar. La rotación de las hélices del submarino le dieron su primer impulso hacia la costa. El cilindro, con la manta y una funda de bote salvavidas dentro, se llenó de agua pero como no terminaba de hundirse, lo tirotearon desde corta distancia con fuego de ametralladora y pistola, hasta que desapareció bajo la superficie. 

A una milla de distancia, se dejó en el agua un bote salvavidas neumatico dado vuelta, con un único remo de aluminio. El cadáver llegaría hasta las playas españolas según lo previsto pero el bote no apareció (seguramente se lo apropió algún pescador y lo ocultó).

Ese mismo día 30 de abril un pescador encontró flotando en las proximidades de Punta Umbria el cuerpo y las autoridades españolas lo recuperaron, informando de ello a Francis Haselden, el vicecónsul británico en Huelva, quien puso en conocimiento del asunto a la embajada británica en Madrid, desde donde el agregado naval lo notificó en mensaje cifrado a Londres.

Un médico español -el Dr. Fernández del Torno- determinó que el oficial británico había perecido por asfixia por inmersión aunque hizo notar algunos detalles que no se ajustaban al aspecto que debían presentar restos humanos que hubieran permanecido varios días en el agua y expuestos a mordeduras de los peces, pero los funcionarios no pusieron demasiado cuidado en ello. El cuerpo quedó a disposición del vicecónsul inglés y se le dio sepultura. con honores militares, el 2 de mayo.

Los documentos -pese a la insistencia del embajador Samuel Hoare para que les fueran devueltos cuanto antes, para reforzar la idea de que se trataba de elementos auténticos de alto valor estratégico- fueron enviados al Ministerio de Marina español con sede en Madrid.

Cuando les fueron reintegrados a los británicos éstos, a pesar de que los sobres que contenían tales documentos aparecían con sus sellos intactos, hallaron elementos que permitían suponer con adolf-claussbastante certeza, que habían sido leídos y seguramente, copiados y puestos en conocimiento de la Inteligencia alemana.

Para seguir dando a los nazis elementos para convencerse de la autenticidad de la identidad de William Martin, Montagu logró que la oficina responsable de informar de las pérdidas de guerra hiciera aparecer su nombre en las listas de bajas. Las mismas eran regularmente reproducidas por The Times y la muerte de Martin apareció consignada en dicho diario en su edición del 4 de julio.

La invasión aliada a Sicilia comenzó el 9 de julio de 1943 y la captura de la isla se concretó el 17 de agosto. Mincemeat había contribuido a su éxito, haciendo que Alemania malgastara recursos reforzando sus defensas en Cerdeña y Córcega y aumentando sus efectivos presentes en Grecia.

Finalizada la guerra, se encontraron en los archivos de la Kriegsmarine en Alemania, traducciones de esos documentos al idioma alemán y valoraciones de los mismos por parte de los servicios de inteligencia germanos, que comprobaron que los habían considerado auténticos y hechos llegar como tales a manos del propio comandante en jefe de la marina alemana, Großadmiral Karl Dönitz.

Se pudo saber también que en fecha tan avanzada como el 23 de julio, Adolf Hitler seguía convencido de que el ataque a Sicilia era una distracción y el verdadero objetivo de los aliados en el sur de Europa estaba en el Peloponeso, adonde envió a su mariscal estrella, Erwin Rommel, para organizar las defensas.

Tumbas

Glyndwr Michael, cuyos restos sirvieron para orquestar todo el engaño de Mincemeat, continúa enterrado en el cementerio de Huelva, pero ahora su verdadero nombre también figura grabado en la lápida que cubre la sepultura. Desde el principio y desde que era adolescente, la hija de un ingeniero de la minera Río Tinto (de propiedad británica) se encargó de que en la misma nunca faltara flores frescas.

La Operación Mincemeat se mantuvo en secreto hasta que en 1950 el diplomático Alfred Duff Cooper, vizconde de Norwich, la expuso públicamente en su novela “Operation Heartbreak” (Operación Desengaño). Al fracasar los intentos oficiales de bloquear su publicación, Winston Churchill encargó al propio Montagu que escribiera un relato sobre la misma (omitiendo fotogramamuchos detalles que se prefería mantener ocultos todavía).

Dicho relato se publicó por entregas en el periódico The Sunday Express bajo el título de “The man who never was” (El hombre que nunca existió). La versión en castellano que conozco, corresponde a Emecé Editores (Buenos Aires, 1956).

A partir de la obra de Montagu, en 1956 se realizó la película del mismo nombre, dirigida por Ronald Neame, con las actuaciones de Clifton Webb, Gloria Grahame y Robert Flemyng.

En 2010 se publicó el libro “Operation Mincemeat” escrito por Ben Macintiye. Editorial Planeta lo tradujo al español en 2016.

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75 AÑOS DEL “HOMBRE QUE NUNCA EXISTIÓ” (1a. parte)

En el mes que transcurre, se cumple el 75° aniversario del ardid británico (bautizado Mincemeat, “carne picada”) pergeñado para ocultar a los alemanes, la proyectada invasión a la isla de Sicilia (“Operación Husky”).

Mincemeat consistió en hacer llegar a la costa española el cadáver de un supuesto oficial británico, de modo que pareciera que provenía de un avión accidentado en el mar cuando volaba desde Inglaterra a Argel, sede del cuartel general anglonorteamericano en el norte de África. El muerto llevaría sujeto a una de sus muñecas un maletín con documentos con información falsa que (dada la activa colaboración del régimen franquista con Alemania) se sabía que no tardaría en llegar a conocimiento de los nazis.

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La operación de contrainteligencia fue ejecutada -a propuesta del teniente aviador de la RAF Charles Cholmondeley- por un equipo del servicio de inteligencia británico MI5 bajo la dirección del teniente comandante Ewen Montagu de la Inteligencia Naval, y seguía los lineamientos de un documento de 1939 conocido como “Trout memo” que se cree redactado por Ian Fleming, un agente que posteriormente crearía al espía de ficción James Bond.

Para desarrollar el engaño, se necesitaba un cadáver reciente, al que pudiera dársele aspecto de oficial de Estado Mayor. Consultado el eminente patólogo Bernard Spilsbury, se estableció que alguien fallecido a raíz de una neumonía, que provoca líquido en los pulmones, podía parecer que hubiera sucumbido flotando en un mar agitado.

Finalmente encontraron en la morgue de un hospital de Londres, el cuerpo de un joven de algo más de treinta años, Glyndwr Michael, un indigente nacido en Gales y que había muerto envenenado con un raticida, cuyas condiciones podía servir a los fines de Montagu y su grupo. Se solicitó anuencia de sus padres para disponer de los restos (obviamente, sin explicarle su destino) quienes la concedieron a condición de que no se revelara de quién se trataba.

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El cuerpo fue embalado en un cilindro de dos metros de largo y 70 cm de diámetro, con hielo seco para su conservación y se lo rotuló como “instrumentos ópticos”. Se estima que el conjunto pesaba alrededor de 200 kg.

Había que fabricar ahora, su identidad falsa. Para eso se fabricaron elementos que otorgaran al desgraciado Michael, de una vida distinta y mejor de la que le había tocado en suerte.

Se confeccionó un carné de identidad, con la fotografía de un militar de rasgos parecidos a los del muerto (ya que era impensable usar una foto tomada del propio cadáver) a nombre de William Martin -un apellido de los más comunes en la Royal Navy- nacido en Cardiff en 1907, capitán (con rango provisional de mayor) del Real Cuerpo de Infantería de Marina. También, una tarjeta de pase que daba acceso al Cuartel General de Operaciones Combinadas.

Se justificaría su viaje al norte de África por sus conocimientos en operaciones anfibias, lo que se establecía en una carta de presentación escrita por el Comandante de Operaciones Combinadas lord Louis Mountbatten al jefe naval en el Mediterráneo, almirante sir Andrew Cunningham.

Junto con eso, se fraguaron detalles más personales, como una carta del Lloyd Bank Limited con fecha 14 de abril reclamando que cubriera un sobregiro en su cuenta, la factura todavía impaga de una joyería de Bond Street por la compra de un anillo de compromiso, la foto de una joven en traje de baño, su prometida”Pam” para quien había comprado la sortija (pero que en realidad correspondía a una empleada de la contrainteligencia británica, llamada Jean Leslie) y dos cartas de Pam que el supuesto mayor Martin, como todo joven enamorado, llevaría consigo como un tesoro.

Acerca de la relación amorosa de Bill y Pam y la inminencia de lo que a todas luces parecía ser otro apresurado y típico “matrimonio de tiempos de guerra” se confeccionaron un par de misivas enviadas por el padre del militar, un caballero evidentemente chapado a la antigua, una de las cuales traslucía su disconformidad con el paso que iba a dar su hijo y la otra referida a sus gestiones con un notario respecto al testamento de éste.

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Se reunieron además, varios objetos de uso común en un hombre: un reloj de pulsera, un paquete de cigarrillos, fósforos, un manojo de llaves, una medalla de San Cristóbal, una invitación para un club, el trozo de una carta, billetes, monedas, boletos de autobús, estampillas de correo, un par de entradas usadas para un teatro, otras facturas, un lápiz.

Montague y sus colaboradores debieron abordar la penosa tarea de enfundar el cadáver del falso mayor Martin en su uniforme de Royal Marine, disponer en los bolsillos los objetos que dotaban a aquel personaje ficticio de una trayectoria vital, afectos y compromisos, ajustaron a. cinturón de su gabardina la cadena que lo unía a la cartera de mano que llevaba los documentos secretos que se suponía debía transportar al cuartel aliado en Argel pero en realidad habían sido generados esperando que llegaran a manos de los alemanes, lo introdujeron nuevamente en el cilindro metálico que rellenaron con hielo seco, y así el cuerpo quedó preparado para emprender viaje rumbo a su verdadera misión.

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Hecho esto, Montague y Cholmondeley, acompañados por el corredor de autos John “Jock” Horsfall que estaba adscrito al Ministerio de Guerra con rango de sargento, llevaron al contenedor con el muerto en un furgón Ford de 1,5 tn, hasta Greenok en el estuario del Clyde (Escocia), un viaje largo y cansador. Con no poco trabajo, el cilindro fue llevado en una lancha hasta un barco de apoyo a la 3a. Flotilla de Submarinos -el HMS Forth(1) y desde allí transferido al sumergible HMS Seraph(2), al mando del teniente Norman Jewell, que lo trasladaría hasta el Mediterráneo.

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Concluirá en la próxima entrega.

oo O oo

  1. Buque de apoyo a submarinos clase Maidstone, botado en agosto de 1938 en el John Brown Clydebank Yard. Numeral de costado A-187. 162 mt eslora, 22,25 mt de manga, 6,2 mt de calado. Desplazamiento a plena carga 11.965 tn. Turbinas Brown Curtis a dos ejes, velocidad hasta 17 nudos. Armamento: 8 cañones de 4,5 pulgadas Mk 1 de tiro rápido en cuatro montajes dobles, 8 pom pom de 2 pulgadas en dos montajes cuádruples. Rebautizado Defiance en 1972, retirado de servicio en 1978 y desguazado en 1985.

  2. Submarino clase S, botado en octubre de 1941 en Vickers Armstrong de Barrow-in-Furness. Numeral de costado P.219. 66 mt de eslora, 7.16 mt de manga, 3,4 mt de calado. Desplazamiento de 872 tn en superficie y 990 tn en inmersión. Propulsión 8 cilindros diesel y 2 motores eléctricos. Velocidad 14,75 nudos en superficie y 8 nudos sumergido. Armamento 6 tubos lanzatorpedos de 533 mm en proa, un cañón de 76 mm, un cañón de 20 mm y tres ametralladoras 0.303. Sirvió para varias misiones de inteligencia en aguas del Mediterráneo. Retirado de servicio en 1962.

HACE 50 AÑOS MORÍA GAGARIN

Yuri A. Gagarin, el primer hombre en viajar al espacio, falleció un 27 de marzo de 1968. Se Gagarindeceso fue provocado por el accidente del avión que pilotaba, en circunstancias no aclaradas durante muchos años y que dieron lugar a las más variadas interpretaciones.

Si en tiempos de Stalin los aviadores eran la personificación del nuevo hombre de la URSS, llegada la segunda mitad del siglo XX el nuevo arquetipo del héroe soviético sería el cosmonauta.

Cuando en 1960 la Unión Soviética puso en marcha su programa para colocar un hombre en órbita a la Tierra, se postularon 3.500 aspirantes -todos pilotos de aviones de combate- de los cuales fueron seleccionados veinte. Y desde el principio quedó claro que el teniente 2° Gagarin era el candidato con más posibilidades para constituirse en el protagonista de aquella hazaña.

Reunía solvencia técnica y adecuadas condiciones físicas y su baja estatura lo hacía ideal para las reducidas dimensiones de la cápsula espacial Vostok que debería tripular. Gagarin 3Además tenía experiencia como paracaidista.

Y last but not least, provenía de una sencilla familia rural y antes de convertirse en piloto militar había trabajado como obrero fabril (algo políticamente correcto para el régimen). Además tenía una simpatía natural y el rostro iluminado por una radiante sonrisa que parecía hecha a propósito para las portadas de las revistas y las giras de relaciones públicas.

El vuelo que pondría para siempre a Yuri Gagarin en la historia de la humanidad, se cumplió el 12 de abril de 1961. Fue un viaje de 108 minutos de duración: nueve minutos para llegar a la altura de la órbita y el resto para completar una vuelta a la Tierra.

Los primeros anuncios oficiales, realizados una vez que el piloto ya había aterrizado con éxito, omitieron muchos detalles sobre los inconvenientes surgidos durante la misión.

El vuelo de la cápsula Vostok 1 estaba programado para controlarse automáticamente. El tripulante se limitaría a comunicarse por radio con los equipos terrestres y realizar algunas pruebas sencillas aunque, de ser necesario, podía hacerse del control control manual de la nave y conducirla.

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El vuelo despegó desde la base espacial de Tyuratam, pero se informó que lo había hecho desde el cosmódromo Baykonur -ubicado a unos 400 km de distancia- para mantener a la primera en secreto (aunque podía haber sido identificada por el espionaje aéreo norteamericano en 1957). Y el retorno a la Tierra estuvo plagado de complicaciones.

El ingeniero jefe del programa espacial soviético Sergei Korolev no había tenido tiempo de instalar a la cápsula espacial, cohetes de frenado para moderar la velocidad del reingreso a la atmósfera, de modo que Gararin debió saltar con su asiento eyectable a una altura de entre 5 y 7 km de altura. Este hecho fue ocultado porque la exigencia para homologar internacionalmente la altura y velocidad era que el astronauta regresara a tierra dentro de la nave.

También, estaba previsto que el habitáculo de Gagarin debía al retorno, desprenderse de parte de la nave. Pero las dos porciones quedaron unidas por un fajo de cables y recién se separaron cuando el intenso calor de la fricción con la atmósfera los incineró.

El inconveniente causó que Gagarin cayera a considerable distancia del punto que se había elegido para el aterrizaje. La intención era que tocara tierra cerca del lugar de lanzamiento pero finalmente lo hizo en terrenos de una granja colectiva, para asombro de un par de campesinos, a unos 110 km de la ciudad de Stalingrado -actual Volgogrado- bastante lejos de Asia Central.

Tras ese viaje espacial pionero, Yuri Gagarin fue ascendido de rango en la Fuerza Aérea y condecorado con las distinciones de Héroe de la Unión Soviética y Orden de Lenin y pasó a ser subjefe de entrenamiento de cosmonautas del programa espacial.

Se volvió una celebridad mundial y útil instrumento de propaganda para el régimen soviético. Tanto que pese a que se le designó como suplente Familiapara la primera misión Soyuz, la cual se accidentó al regreso al fallar los paracaídas y causó la muerte del astronauta Vladimir Komarov, nunca volvió al cosmos. Moscú lo consideraba un símbolo demasiado valioso como para ponerlo en riesgo en nuevos vuelos espaciales aunque se le permitió seguir, con muchas restricciones, pilotando aviones.

Ínterin, Gagarin -convertido en una especie de rockstar– tuvo problemas de alcoholismo; en octubre de 1961 estando ebrio, sufrió una caída que le provocó heridas en la cabeza. A causa de sus aventuras extramaritales, se separó de su esposa Valentina Ivanovna.

El 27 de marzo de 1968, cuando estaba los mandos de un caza Mig-15 junto al instructor Vladimir Seryogin para revalidar su aptitud como piloto, se precipitó al suelo y falleció.

También las causas del siniestro que provocó su muerte, se vieron rodeadas de noticias falsas. Fue atribuído a malas condiciones climáticas, a una maniobra repentina para evitar la proximidad de un globo sonda de uso civil, el impacto de aves, a que habría realizado irresponsablemente acrobacias a pesar de que la configuración del aparato lo desaconsejaba, una súbita descompresión de la cabina por alguna válvula defectuosa.

Con el tiempo -en 2013- el también cosmonauta soviético Alexei Leonov, que integró la comisión creada para investigar la caída del Mig, declaró a un canal de televisión que la caída del avión de Gagarin se debió a la inesperada presencia de otro aparato, un Sukhoi Su-15. El mismo debería estar volando a varios miles de metros por encima del caza de Gagarin pero pasó a poca distancia de éste y la turbulencia provocada por el vórtice de su estela de sustentación o una aceleración supersónica, desestabilizó al Mig.

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Se están cumpliendo cincuenta años de la muerte de Yuri Gagarin pero ni el paso del tiempo ni los claroscuros de su personalidad y las cortinas de humo que rodearon el vuelo al espacio que lo catapultó a la fama y a su trágica muerte, han opacado el reconocimiento a su coraje ni el brillo de la hazaña que protagonizó.

Mencionemos para terminar, que Gagarin ha sido homenajeado con calles, plazas yestatua planetario monumentos tanto en Rusia como en el extranjero.

Montevideo lo hizo consagrándole en 1998 una plaza en la intersección de las avenidas Italia y Estanislao López, donde se ubicó un busto en bronce del malogrado cosmonauta, obra del artista ruso Zurab Tsareteli. La misma fue robada, seguramente para ser fundida, en 2008. Entonces la embajada rusa en Montevideo solicitó a Tsarateli una réplica, la que sería instalada esta vez en el enjardinado que rodea al Planetario Municipal junto al zoológico de Villa Dolores.

La nueva escultura llegó vía marítima al año siguiente pero terminó arrumbada en un depósito hasta que en 2011, ante una inminente visita de altas autoridades del gobierno ruso, fue apresuradamente colocada en el sitio y con el decoro que merecía.

¿UN SEGUNDO ENIGMA, RESUELTO?

Dedicamos la entrada de este blog bajo el título “Dos fotos, dos mujeres, dos misterios” (26 de enero de este año), a las desapariciones de la aviadora estadounidense Amelia Earhart en algún lugar del océano Pacífico y de la reportera gráfica húngara Gerda Taro quien Nikumarorocubría junto a su compañero sentimental Endre Ernö Friedmann la Guerra Civil Española (ambos publicaban sus trabajos indistintamente, bajo el pseudónimo “Robert Kapa”).

Al día siguiente, pudimos establecer (ver “Uno de los dos misterios, resuelto”), a partir de un artículo publicado por el cotidiano El Diario de Barcelona, que Gerda Taro podía ser identificada con certeza en una de las dos fotografías comentadas.

Hoy, el también barcelonés diario La Vanguardia, refiere los resultados de un estudio del antropólogo de la Universidad de Tennessee Richard Jantz publicado en la revista Forensic Anthropology, que consigna con un 99% deLAVANGUARDIA_G_2185108301-kNTH--656x962@LaVanguardia-Web certeza que algunos restos óseos ubicados en el año 1940 en el remoto islote Nikumaroro (o Gardner), pertenecen a Earhart.

Esos restos (encontrados por una expedición británica) fueron examinados en Fiyi a pocos meses de su hallazgo, por el médico David Winn Hoodless, quien determinó en ese momento que se trataban de huesos correspondientes a un varón. Esos elementos desaparecieron posteriormente, pero se conservaron siete medidas registradas por Hoodless, cuatro del cráneo, una de un radio, otra de una tibia y otra de un húmero.

Jantz afirma que el error en que habría incurrido Hoodless es comprensible, con las técnicas existentes en 1940. Para su estudio, el antropólogo comparó los registros con fotografías de la aviadora y sus prendas de vestir que se conservan en la Universidad de Purdue, y utilizó un programa informático para contrastar los resultados con datos de una numerosa población de control.

Adicionalmente se tuvo en cuenta un sextante Brandis Navy Surveying, que podría haber pertenecido a Fred Noonan, quien la acompañaba en su vuelo como navegante, y una botella de un licor que Earhart llevaba habitualmente con ella en sus viajes.

ALGO MÁS SOBRE STALINGRADO

En la anterior entrada de este blog, nos referimos al 75° aniversario de la victoria del ejército soviético en la épica batalla por el control de la ciudad de Stalingrado, a orillas del Volga.

Para ello nos basamos en la información más abundante y accesible sobre el particular. La misma en general destaca libroal Mariscal Friedrich Paulus, comandante del Sexto Ejército alemán cercado y finalmente capturado en Stalingrado, como un oficial que había desarrollado toda su carrera anterior en puestos de Estado Mayor. La historiografía alemana -sobre la que se basa buena parte de la norteamericana- es particularmente dura con la figura de Paulus.

Se destacaba a Paulus como un buen planificador, que tuvo activa participación en el diseño de la “Operación Barbarroja” -la invasión alemana la URSS- pero sin mayor experiencia en la conducción de tropas en combate. El historiador Joachim Wieder afirma:

“La orden de nombrar a Paulus como comandante del sexto ejército en 1942… fue una sentencia fatal, antes ni siquiera había mandado un regimiento.” 

Dichas fuentes lo señalan como un líder poco agresivo y que confiaba absolutamente en el genio militar de Hitler. Se estima que al haber demorado en poner en marcha a su Sexto Ejército desde sus bases de partida, hizo que lo alcanzara el duro invierno ruso antes de obtener sus objetivos y sin contar con equipos y elementos aptos para soportarlo.

El 19 de noviembre de 1942 los rusos pusieron en práctica su plan “Urano”, un ataque en pinzas que rompió las líneas que protegían los flancos del Sexto Ejército, a cargo mayormente de fuerzas rumanas. Las dos fuerzas soviéticas convergieron desde el norte y desde el sur sobre el puente que cruza el río Don en las proximidades de Kalach. Cuando lo conquistaron (con bastante facilidad) se cortó el vital cordón logístico que unía por tierra a dicho ejército con su bases de suministros. En su memorias, Paulus se lamenta:

¿Por qué no lo habrán destruido antes el puente? ¿Por qué no lo habrán defendido mejor?”

A partir de ese momento, el único modo de abastecer al Sexto Ejército, era por aire. La Luftwaffe realizó un esfuerzo titánico para ayudar a sus camaradas de tierra cercados, pero pese a las bravuconadas de Göring ante Hitler, nunca estuvo en condiciones de asegurar las 500 toneladas diarias de carga que el Sexto Ejército necesitaba para mantenerse operativo.

El empecinamiento del Führer en negar a Paulus autorización para replegarse, contribuyó también a la debacle final y la operación que organizó Von Manstein desde el sur lanzando al 4° Ejército panzer (que ya habia sufrido labotas destrucción de su 24a. División acorazada) del Gral. Hoth, fracasó. El propósito de dicha operación -nombre clave, Wintergewitter– era además confuso. Manstein anhelaba romper el anillo soviético para que el Sexto Ejército se escurriera por la brecha fuera de Stalingrado, pero Paulus tenía la orden expresa de su Grupo de Ejércitos de mantenerse y combatir en las posiciones que ocupaba.

Y debe reconocerse que Paulus una vez aislado, dirigió una resistencia empecinada y efectiva, con un ejército cada vez más diezmado por los combates, fríos de hasta 25 grados celsius bajo el 0, el hambre, las enfermedades, la escasez de municiones, hasta que comprendió a principios de febrero de 1943 que el sacrificio de los restos de sus fuerzas ya no tenía sentido.

Hemos accedido ahora, a una entrevista del diario español ABC a David Glantz1, uno de los más profundos conocedores de la historia de la Segunda Guerra Mundial en el frente oriental, publicada el día 2 de febrero de este año. El referido historiador, autor -junto a Jonathan House- de una monumental tetralogía sobre la batalla de Stalingrado y que es de los pocos que ha podido acceder directamente a documentación de archivos de la exURSS, ofrece una visión diferente sobre Friedrich Paulus, que creo que es de orden consignar.

El general Paulus era ciertamente un comandante capaz que había tenido un buen desempeño en la guerra y era respetado por el Alto Mando alemán y por sus compañeros. La crítica que existió fue generada por su actuación en Stalingrado y, en particular, por su decisión de rendirse. Gran parte de esta crítica llegó de altos oficiales que intentaban evadir la responsabilidad por la pérdida del Sexto Ejército o que compartían la ideología de Hitler. Pero, en retrospectiva, es imposible decir si otro general alemán se hubiera desempeñado o no mejor que Paulus.”

G&H

Glantz achaca la destrucción del Sexto Ejército alemán en Stalingrado, no a la incompetencia o cobardía de Paulus, sino por el obcecado deseo de Hitler por conquistar la ciudad, un objetivo estratégicamente secundario:

La obsesión de Hitler por capturar la ciudad desangró al Sexto Ejército de Paulus y, a mediados de noviembre, provocó que apenas contara con una infantería inadecuada, cuatro divisiones panzer que eran lamentablemente débiles en términos de tanques, y sufriera una escasez de municiones y combustible que paralizaron las operaciones alemanas. Lo peor de todo es que, cuando el Sexto Ejército estuvo cercado por la contraofensiva soviética a mediados de noviembre, no solo carecía de la fuerza para romper el cerco y conseguir la libertad por sus propios esfuerzos, sino que Hitler también le prohibió hacerlo…”

Glantz explica la decisión de Paulus y su Estado Mayor de rendirse, que lo convirtió en el primer mariscal alemán en hacerlo ante el enemigo y le granjeó intenso odio y desprecio de Hitler y sus acólitos:

Paulus, al darse cuenta del destino que sufrirían sus soldados, les concedió permiso para marcharse si era posible, pero finalmente se rindió para poner fin a su sufrimiento…Las condiciones eran simplemente atroces. Las temperaturas estaban muy por debajo del punto de congelación; la nieve era frecuente; la “Luftwaffe” de Goring apenas proporcionaba menos del 10 por ciento de los suministros (comida, municiones, combustible y armas) que él y Hitler habían prometido que podrían transportar por vía aérea; el terreno estaba congelado y abierto; no había árboles con los que cubrirse u obtener leña para hacer fuego; la falta de comida tenía a los soldados alemanes muertos de hambre y débiles, y la falta de combustible y municiones impedía una defensa adecuada y un intento de romper el cerco creíble.”

1 . Tuve un interesante intercambio de correspondencia con Glantz en 2013, quien me aportó importante información sobre la carga de la División 44 de caballería soviética del 17 de noviembre de 1941 en Mussino.

75 AÑOS DE LA EPOPEYA DE STALINGRADO

El 31 de diciembre de 1943 -hace 75 años atrás- Friedrich Paulus, con un aspecto inusualmente desaliñado para alguien que ostentaba el rango de mariscal de campo del Heer de la Wehrmacht, llegaba al puesto de mando del 64° Ejército soviético para concretar su rendición y la de su Estado Mayor, aunque dejando libre al Sexto Ejército hasta ahora bajo su mando, para seguir luchando.

Pero los soldados alemanes sobrevivientes a la extenuante carnicería sufrida desde que el 22 de agosto del año anterior, Paulus enviara sus primeras columnas blindadas hacia el corazón de Stalingrado, ya no tenían ni medios ni ánimo para proseguir la lucha.

La sangrienta batalla por el control de la ciudad, a orillas del río Volga, finalmente se saldaba con un completa victoria del Ejército Rojo. Un desenlace que además, empezaría a dar vuelta el desarrollo de la guerra en el frente oriental, hasta ahora abiertamente favorable a los nazis, dando lugar a la recuperación de las maltrechas fuerzas armadas de la URSS y lanzarlas a un contraataque que las llevaría hasta el mismo Berlín.

Alemanes

Por entonces el frente meridional era un escenario secundario en la guerra, pero para Hitler la ofensiva sobre el Volga tenía su justificación estratégica. Abría camino hacia los campos petrolíferos tan necesarios para el esfuerzo bélico alemán, y pondría un cuchillo en la garganta de las posesiones británicas en Oriente Medio. Pero la verdadera razón de la obsesión que el Führer sentía por Stalingrado radicaba en su nombre, que homenajeaba al odiado líder de la URSS.

También para los rusos Stalingrado tenía una fuerte carga simbólica. Como muchas ciudades, su nombre había fluctuado con los vaivenes políticos de Rusia. Cuando todavía se llamaba Tsaritsyn,. Josif Stalin participó como delegado político en la defensa de la ciudad contra los “rusos blancos”; luego la rebautizó Stalingrado como parte del culto a su personalidad. En la actualidad, ha pasado a denominarse Volgogrado.

Paulus era un “general de escritorio”, había hecho su carrera en tareas de Estado Mayor. Estaba lejos de reunir las condiciones necesarias para conducir un ejército en batalla frente a un enemigo duro y tenaz. Cuando movilizó a su Sexto Ejército de 20 divisiones y 500 tanques sobre los arrabales del norte de Stalingrado -desde el sur apoyaba el ataque la 4a. Panzerarmee del Gral. Hoth- su expectativa era que en un mes a lo sumo, la ciudad estaría en sus manos. Se equivocó.

Porque los caminos sin pavimentar de la URSS eran la pesadilla de un ejército en movimiento. El fino polvo deterioraba los motores en verano, del mismo modo que las lluvias otoñales convertían las rutas en un lodazal impracticable. Luego el invierno congelaba el suelo pero también los mecanismos, a las bestias y a los hombres.

soldados rusos

La primera oposición estuvo a cargo de las milicias reclutadas entre los obreros de las numerosas fábricas de la zona, incluyendo muchas mujeres. Estaban someramente armados y tenían poca preparación militar. Sufrieron bajas espantosas pero lograron retrasar el avance alemán.

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El Ejército Rojo puso al frente de la defensa de Stalingrado a generales enérgicos y capaces (Yeremenko, Chuikov) sustituyendo a los viejos representantes de la época revolucionaria varias veces derrotados. Aunque llegarían a dominar un 99% de la ciudad, los alemanes no lograron expulsar a los rusos de algunos puntos fuertes, que resistieron al precio de ingentes bajas mientras el Alto Mando soviético tomaba las medidas para la contraofensiva.

Fue una lucha despiadada en las calles bloquedas por los escombros y al interior de casas y fábricas derruídas o en llamas. Plaza RojaLos tanques perdieron protagonismo y se volvió un combate de proximidad a cargo de pequeñas unidades de infantería, con fusiles, metralletas, granadas y ametralladoras. Los alemanes la llamaron Rattenkrieg (“guerra de ratas”).

En Moscú, Zhukov y Vasilevsky presentaron a Stalin un plan para transformar la desesperada situación de Stalingrado en una oportunidad estratégica. El líder soviético lo aprobó.

La idea consistía en esperar a que la llegada del invierno congelara el suelo y el agua de los ríos, para permitir el movimiento de los tanques. Mientras tanto, las tropas empeñadas en la defensa de la Stalingrado recibirían refuerzos en pequeñas cantidades, y seguirían atrayendo más y más fuerzas alemanas al caótico campo de batalla en que se había convertido la ciudad.

El 19 de noviembre, una formidable masa de artillería abrió fuego sobre las posiciones de las fuerzas rumanas aliadas al Reich, que protegían el flanco izquierdo de Paulus. Luego, la infantería rusa, con camuflaje blanco, avanzó entre la niebla y la nieve, desde Serafimovich (en el Don) sobre las posiciones enemigas. La siguieron los temibles tanques T-34, de anchas cadenas. Se trataba del 5° ejército blindado y el 21° de fusileros, al mando del Gral. Vatutin.

El mal tiempo permitió que las tropas soviéticas progresaran, sin que la aviación alemana pudiera apoyar a sus fuerzas de tierra.

Al sur Yeremenko esperó que el avance desde Serafimovich hiciera mover las reservas alemanas hacia el sector norte, para sostener a los rumanos, hasta que las perentorias órdenes desde Moscú lo obligaron a avanzar. A las 10 de la mañana del día 20 inició la preparación artillera, tras lo cual los ejércitos 51° y 57° se pusieron en marcha hacia el norte. Con un afortunado golpe de mano, se apoderó fácilmente del puente de Kalach y cuando se encontraron en el lugar las avanzadas del Ejército 51° y del 5° de tanques, se cerraron las dos mandíbulas del contraataque soviético y el Sexto Ejército de Von Paulus se encontró completamente rodeado.

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Paulus pidió autorización para intentar romper el cerco, pero Hitler negó toda posibilidad de retroceder. Entonces, optó por formar una posición de “erizo”, lo que eliminaba cualquier posibilidad de maniobra. Quedaba planteada la necesidad de abastecer de lo necesario a todo un ejército: 500 toneladas diarias. Herman Göring prometió al Fuhrer que su Luftwaffe sería capaz de cumplir con ese desafío logístico (cosa que con el clima reinante, era absolutamente irreal).

Von Manstein llegó a la zona para tratar de enderezar la situación. Su intención era romper el anillo soviético con el 4° Ejército Panzer y abrir una brecha para que el Sexto Ejército pudiera escabullirse.

La operación requería además, que el Sexto Ejército presionara hacia el oeste para salir del cerco. Pero Paulus, siempre irresoluto, entendió que falto de suministros, especialmente combustible, no estaba en condiciones de abandonar sus posiciones y prefirió permanecer resistiendo aislado en Stalingrado. Ante lo cual Manstein optó por hacer retroceder las puntas de lanza acorazadas que había destacado hacia las posiciones del ejército rodeado.

La aviación alemana intentó durante sesenta y dos días, abastecer a los camaradas acorralados. Solamente en una Rendiciónocasión, logró transportar toda la carga requerida por el ejército cercado. Puedo sí evacuar a unos 35.000 heridos o enfermos. Para ello, debió pagar el precio de medio millar de aviones perdidos.

Mantener cercado al ejército de Paulus, distraía a un importante número de tropas soviéticas, necesarias en otros teatros de la guerra. De modo que el alto mando en Moscú se dispuso a terminar rápidamente con aquel molesto enclave alemán. Al comenzar 1943 el Ejèrcito Rojo acumulò en el àrea gran cantidad de cañones, lo que presagiaba un inminente asalto.

En esos dìas se hizo presente en el teatro de operaciones de Stalingrado el general Rokossovsky. Lo primero que hizo fue asegurarse de que las diezmadas fuerzas de Chuikov, todavìa tenían moral suficiente como para seguir dando batalla a los alemanes. Las aguas del Volga ya se habían congelado completamente, permitiendo la llegada de suministros a travès del hielo a las tropas rusas que se sotenìan todavìa en la orilla occidental del rìo.

El 8 de enero, Rokossovsky ofreciò a Paulus la posibilidad de rendición, la que fue rechazada. Pero la situación de los alemanes era desesperada, aquejados por el hambre, el tifus y numerosos casos de congelamiento. Veinte mil heridos sin posibilidades de ser asistidos, yacìan entre los escombros. Se produjeron numerosos casos de heridas autoinfligidas e incluso de suicidio.

El dìa 10 la artillerìa soviètica abrió fuego. Tambièn la aviaciòn atacò a los alemanes cercados y luego avanzaron la infanterìa y los tanques. Los agotados restos del Sexto Ejèrcito se prodigaron para taponar como podían, las brechas que se iban abriendo en sus lìneas defensivas. Cuando Paulus informó a sus mandos que la situaciòn en la bolsa de Stalingrado ya era insostenible, Hitler (que habìa declarado a la ciudad como “fortaleza”) prohibiò cualquier posibilidad de capitulaciòn.

El 30 de enero, el Fûhrer ascendiò a Friedrich Paulus al grado de mariscal de campo, en un intento de reforzar su ànimo de resistencia. Hasta ese momento, nunca un militar alemàn de ese rango se habìa entregado vivo al enemigo ruinasy Hitler esperaba que con su gesto, Paulus estuviera dispuesto a morir en combate o se autoeliminara antes de caer prisionero.

En la madrugada del dìa 31, la emisora de radio del puesto de mando de Paulus, en los sòtanos de los que habìan sido los almacenes estatales Univermag, anunciò que los rusos ya estaban llegando  y debía cesar las transmisiones. Paulus, demacrado, sin afeitar, con una incontrolable contracciòn nerviosa en el rostro, fue trasladado con sus colaboradores del Estado Mayor en automòvil hacia el sur, hasta el cuartel general del 64º Ejèrcito ruso para presentar su rendiciòn.

Paulus fue un general sin experiencia en campaña, puesto por los mandos frente a una misiòn muy por encima de sus capacidades. Su final fue petètico. Como prisionero de guerra, colaborò con la propaganda soviètica y firmó una proclama aconsejando a los alemanes del sector septentrional del frente la rendiciòn.

Stalingrado no fue la batalla decisiva de la guerra en el Este. El verdadero gozne de la historia en el frente ruso fue el gigantesco enfrentamiento de carros de combate en Kursk. Pero en las heladas estepas a orillas del Volga, se derrumbaron los mitos de la invencibilidad de la Wehrmatch y de la genialidad estratègica de Hitler. Los dioses de la guerra comenzaban a mostar al III Reich, su rostro màs hostil.