DUNKERQUE

En estos días llegó a la cartelera montevideana la película “Dunkerque”, del director Christopher Nolan, referida a un mapaepisodio dramático de la Segunda Guerra Mundial, la evacuación de los restos del ejército expedicionario británico acorralado por el fulgurante avance alemán.

No la hemos visto aún, de modo que no vamos a explayarnos sobre dicho filme, sino sobre los acontecimientos bélicos mismos que le dieron origen, y que pueden considerarse críticos para el posterior desarrollo y desenlace del conflicto.

El plan de ataque alemán en occidente (“Plan Manstein”) había dado los resultados esperados. Las puntas de lanza motomecanizadas se habían abierto camino por un terreno inesperado, los bosques de las Ardenas, que se consideraba intransitable para este tipo de tropas, aislando a las fuerzas aliadas que esperaban la ofensiva por el lado de Flandes.

En la segunda mitad del mes de mayo, la fuerza acorazada germana Panzergruppe Kleist llegó a la desembocadura del río Somme y luego ocupó el puerto de Calais, cerrando el camino de retirada a la Fuerza Expedicionaria Británica gort(BEF), las diez divisiones del 1er. Ejército francés y al ejército belga.

El comandante británico John Gort, tenía órdenes del mando francés de avanzar para rechazar a los alemanes que presionaban desde el nordeste, pero advirtió que no tenía oportunidades de éxito y que estaba a punto de ser absolutamente rodeado. De modo que en vez de atacar, se preocupó de asegurar algunas vías de escape para llevar sus tropas hasta la costa, con la esperanza de que pudieran ser evacuadas de regreso a las Islas Británicas.

En Londres no se tenía total conciencia de la gravedad de la situación de sus fuerzas destacadas en el continente, pero terminó aceptando las medidas tomadas por su comandante sobre el terreno.

Entre el 24 de mayo y el 4 de junio de 1940 el BEF y restos de los ejército francés, belga y holandés convergieron sobre el puerto de Dunkerque, estableciendo un perímetro defensivo y procediendo a destruir el armamento, los Admiral Sir Bertram Ramsayvehículos y suministros que no podrían ser transportados, para evitar que cayeran en manos enemigas.

En Inglaterra, el almirante Bertam Ranseyi se encargó de organizar la evacuación de aquellas fuerzas (la “Operación Dínamo”) reuniendo un heterogéneo conjunto de barcos de todo tipo, militares y civiles, grandes y pequeños, tripulados por personal de la Royal Navy y civiles voluntariosii.

Gort no se destacaba por ser un táctico brillante pero tenía las virtudes necesarias que reclamaban las operaciones de evacuación: coraje personal y nervios de acero.

El propio puerto de Dunkerque estaba dañado, y lo único utilizable era un largo espigón que se adentraba en el mar. Allí se apiñaron miles de soldados a la espera de que los buques de socorro los recogieran.

Otros muchos debieron esperar la salvación en las playas aledañas, entrando ordenadamente al mar (a veces con el agua hasta el cuello) para subir a las naves que por su calado no podían acercarse demasiado a la costa.

doble

Una vez a bordo, los soldados rescatados estaban lejos de estar absolutamente a salvo. La evacuación estaba bajo constante ataque de la aviación alemana y los aparatos de la Royal Air Force, aunque prodigaron sus salidas para ofrecer una cobertura a la retirada, no eran suficientes. Las aguas de la zona estaban profusamente minadas. Y los barcos que eran alcanzados por la aviación o la artillería, se constituían en peligros obstáculos para los que venían detrásdunkerke-restos.

A medida que iban llegando a los puertos ingleses, los soldados rescatados eran recibidos por multitud de civiles que se habían organizado para brindarles abrigo y bebidas calientes.

La inteligente y valerosa operación tuvo visos de milagro. Pero si no resultó un completo desastre para los aliados, se debió a la decisión de Hitler de detener sus carros de combate a la vista de la costa. Al prohibirles a los comandantes de sus blindados atacar a las unidades enemigas apiñadas en las playas éstas, estando en situación de un pugilista ya groggy, providencialmente lograron salvarse del knock out.

Desde aquellos días hasta ahora, los historiadores y analistas militares se siguen devanando los sesos por descubrir la verdadera razón que tuvo el Fürher para inmovilizar a sus carros de combate cuando estaban listos para dar una estocada final y concluyente. Se han barajado distintas posibilidades.

Una es que tanto Hitler como los mandos principales del ejército alemán (Jodl, Keitel, Rudstedt) estaban abrumados por la rapidez y contundencia de su propio éxito, a la vez que temerosos de los claros que las operaciones en el frente occidental habían abierto en sus preciadas unidades de tanques. De modo que querían preservar los carros de combate sobrevivientes.

Otra es que los mandos alemanes estimaban que los tanques no podrían operar eficientemente, en los terrenos cenagosos de Flandes.

Por su parte los generales Karl Rudenstd y Günther Blumentritt -después de finalizada la guerra- aseguraron que Hitler deliberadamente detuvo la ofensiva blindada par evitar una completa humillación de los británicos, con la esperanza que una vez que se concretara el definitivo colapso de Francia, podría alcanzar con ellos un acuerdo de paz que le dejara las manos libres para encarar sus proyectos de expansión hacia el Este.

No puede tampoco ser ajena a esta decisión del dictador germano, la seguridad que le diera el mariscal Göering de que los aviones de la Luftwaffe eran suficientes para aislar a las fuerzas aliadas por el lado del mariii.

Fueran los que fueran sus motivos, la decisión de detener el ataque acorazado cuando el triunfo estaba al alcance de la mano, es una demostración de la ineptitud tanto estratégica como política de Adolf Hitler. No pudo aniquilar al BEF en Dunkerque ni Gran Bretaña dejó de combatir.

El 3 de junio los alemanes intensificaron sus ataques al perímetro defensivo, que se había ido reduciendo inexorablemente. En la madrugada del día siguiente partió el último barco con soldados recuperados de Dunkerque (el destructor HMS Shikari, al mando del Tte. Cte. Hugh Richardson).

Lord Gort y el almirante galo Jean-Marie Abrial que había estado a cargo de la defensa del perímetro, estuvieron ALAbrialentre los últimos que se alejaron de Dunkerque.

Detrás quedaron, para caer en manos de los alemanes, varios miles de hombres, en su mayoría franceses, que sostuvieron porfiadamente las últimas posiciones defensivas. Muchos podrían haberse salvado, de no mediar fatales errores en las comunicaciones. Les esperaría la muerte o el duro cautiverioiv.

Winston Churchill presentó ante la Cámara de los Comunes la Operación Dínamo casi como una victoria. Era una exageración, por cierto. Las pérdidas de vidas pero también de material y armamento eran cuantiosas. Asimismo en materia de barcos (especialmente destructores y barreminas) y aviones de la RAF.

De hecho, las islas mismas estaban en aquellos días prácticamente inermes, defendidas apenas por milicias territoriales casi desprovistas de cañones, ametralladoras y tanques. Si en aquel momento hubiera sobrevenido una invasión, dífícilmente hubieran estado en situación de rechazarla.

Pero no menos cierto es que la desesperada evacuación de Dunkerque había logrado salvar un total de 338.226 HMS_Shikari_FL5438hombres y el orgullo británico, al igual que su voluntad de resistencia, se mantenía intacto.

En una Francia aturdida por los reveses militares, el 17 de junio de 1940 el recientemente designado presidente del Consejo de Gobierno, el general Petain (héroe nacional de la Primera Guerra Mundial) anunció la intención de capitular. Al día siguiente un general francés casi desconocido, Charles de Gaulle, hacía un llamado desde Londres a sus compatriotas de la metrópoli y las colonias, a continuar la guerra contra los alemanes.

Hitler tendría oportunidad en los años subsiguientes, de arrepentirse por su decisión de haber paralizado sus carros de combate a las puertas de Dunkerque y no haber logrado la completa destrucción de las fuerzas expedicionarias británicas en Francia. Cuatro años más tarde, una arrolladora maquinaria bélica aliada estaría golpeando a las puertas de su Reich.

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i El almirante Ramsay tuvo luego importante participación en la planificación de la “Operación Overlord”, la invasión de Normandía.

ii Se movilizó todo tipo de barcos civiles para evacuar a los soldados atrapados en Dunkerque: transportes, pesqueros, transbordadores, viejos barcos de paletas, remolcadores, barcazas y embarcaciones de recreo.

iii No fue esta la única vez que Göering fue incapaz de honrar sus promesas a Hitler. Su Luftwaffe no pudo poner de rodillas a los británicos en su ofensiva aérea conocida como “Batalla de Inglaterra”, no logró abastecer al 6o. Ejército alemán cuando fue atrapado por los rusos en la bolsa de Stalingrado ni evitar los bombardeos anglonorteamericanos sobre Alemania.

iv La película de Nolan está recibiendo duras críticas en Francia, donde se le acusa de haber ignorado el papel cumplido por los soldados y marinos galos que sostuvieron las posiciones defensivas en torno a Dunkerque, y cuyo sacrificio contribuyó en gran medida a posibilitar la salvación de los cientos de miles de hombres que pudieron ser evacuados.

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