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Acerca de barreiropr

Asesor generalista de pequeñas empresas y de cooperativas. Especialista ISO 9000 y 26000. Escritor, periodista, investigador. Miembro supernumerario de la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial. Correo electrónico: barreiro.pr@gmail.com.

“Hasta la próxima masacre”

Sin título

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ALGO MÁS SOBRE STALINGRADO

En la anterior entrada de este blog, nos referimos al 75° aniversario de la victoria del ejército soviético en la épica batalla por el control de la ciudad de Stalingrado, a orillas del Volga.

Para ello nos basamos en la información más abundante y accesible sobre el particular. La misma en general destaca libroal Mariscal Friedrich Paulus, comandante del Sexto Ejército alemán cercado y finalmente capturado en Stalingrado, como un oficial que había desarrollado toda su carrera anterior en puestos de Estado Mayor. La historiografía alemana -sobre la que se basa buena parte de la norteamericana- es particularmente dura con la figura de Paulus.

Se destacaba a Paulus como un buen planificador, que tuvo activa participación en el diseño de la “Operación Barbarroja” -la invasión alemana la URSS- pero sin mayor experiencia en la conducción de tropas en combate. El historiador Joachim Wieder afirma:

“La orden de nombrar a Paulus como comandante del sexto ejército en 1942… fue una sentencia fatal, antes ni siquiera había mandado un regimiento.” 

Dichas fuentes lo señalan como un líder poco agresivo y que confiaba absolutamente en el genio militar de Hitler. Se estima que al haber demorado en poner en marcha a su Sexto Ejército desde sus bases de partida, hizo que lo alcanzara el duro invierno ruso antes de alcanzar sus objetivos y sin contar con equipos y elementos aptos para soportarlo.

El 19 de noviembre de 1942 los rusos pusieron en práctica su plan “Urano”, un ataque en pinzas que rompió las líneas que protegían los flancos del Sexto Ejército, a cargo mayormente de fuerzas rumanas. Las dos fuerzas soviéticas convergieron desde el norte y desde el sur sobre el puente que cruza el río Don en las proximidades de Kalach. Cuando lo conquistaron (con bastante facilidad) se cortó el vital cordón logístico que unía por tierra a dicho ejército con su bases de suministros. En su memorias, Paulus se lamenta:

¿Por qué no lo habrán destruido antes el puente? ¿Por qué no lo habrán defendido mejor?”

A partir de ese momento, el único modo de abastecer al Sexto Ejército, era por aire. La Luftwaffe realizó un esfuerzo titánico para ayudar a sus camaradas de tierra cercados, pero pese a las bravuconadas de Göring ante Hitler, nunca estuvo en condiciones de asegurar las 500 toneladas diarias de carga que el Sexto Ejército necesitaba para mantenerse operativo.

El empecinamiento del Führer en negar a Paulus autorización para replegarse, contribuyó también a la debacle final y la operación que organizó Von Manstein desde el sur lanzando al 4° Ejército panzer (que ya habia sufrido labotas destrucción de su 24a. División acorazada) del Gral. Hoth, fracasó El propósito de dicha operación -nombre clave, Wintergewitter– era además confuso. Manstein anhelaba romper el anillo soviético para que el Sexto Ejército se escurriera por la brecha fuera de Stalingrado, pero Paulus tenía la orden expresa de su Grupo de Ejércitos de mantenerse y combatir en las posiciones que ocupaba.

Y debe reconocerse que dirigió una resistencia empecinada y efectiva, con un ejército cada vez más diezmado por los combates, fríos de hasta 25 grados celsius bajo el 0, el hambre, las enfermedades, la escasez de municiones, hasta que comprendió a principios de febrero de 1943 que el sacrificio de los restos de sus fuerzas ya no tenía sentido.

Hemos accedido ahora, a una entrevista del diario español ABC a David Glantz1, uno de los más profundos conocedores de la historia de la Segunda Guerra Mundial en el frente oriental, publicada el día 2 de febrero de este año. El referido historiador, autor -junto a Jonathan House- de una monumental tetralogía sobre la batalla de Stalingrado y que es de los pocos que ha podido acceder directamente a documentación de archivos de la exURSS, ofrece una visión diferente sobre Friedrich Paulus, que creo que es de orden consignar.

El general Paulus era ciertamente un comandante capaz que había tenido un buen desempeño en la guerra y era respetado por el Alto Mando alemán y por sus compañeros. La crítica que existió fue generada por su actuación en Stalingrado y, en particular, por su decisión de rendirse. Gran parte de esta crítica llegó de altos oficiales que intentaban evadir la responsabilidad por la pérdida del Sexto Ejército o que compartían la ideología de Hitler. Pero, en retrospectiva, es imposible decir si otro general alemán se hubiera desempeñado o no mejor que Paulus.”

G&H

Glantz achaca la destrucción del Sexto Ejército alemán en Stalingrado, no a la incompetencia o cobardía de Paulus, sino por el obcecado deseo de Hitler por conquistar la ciudad, un objetivo estratégicamente secundario:

La obsesión de Hitler por capturar la ciudad desangró al Sexto Ejército de Paulus y, a mediados de noviembre, provocó que apenas contara con una infantería inadecuada, cuatro divisiones panzer que eran lamentablemente débiles en términos de tanques, y sufriera una escasez de municiones y combustible que paralizaron las operaciones alemanas. Lo peor de todo es que, cuando el Sexto Ejército estuvo cercado por la contraofensiva soviética a mediados de noviembre, no solo carecía de la fuerza para romper el cerco y conseguir la libertad por sus propios esfuerzos, sino que Hitler también le prohibió hacerlo…”

Glantz explica la decisión de Paulus y su Estado Mayor de rendirse, que lo convirtió en el primer mariscal alemán en hacerlo ante el enemigo y le granjeó intenso odio y desprecio de Hitler y sus acólitos:

Paulus, al darse cuenta del destino que sufrirían sus soldados, les concedió permiso para marcharse si era posible, pero finalmente se rindió para poner fin a su sufrimiento…Las condiciones eran simplemente atroces. Las temperaturas estaban muy por debajo del punto de congelación; la nieve era frecuente; la “Luftwaffe” de Goring apenas proporcionaba menos del 10 por ciento de los suministros (comida, municiones, combustible y armas) que él y Hitler habían prometido que podrían transportar por vía aérea; el terreno estaba congelado y abierto; no había árboles con los que cubrirse u obtener leña para hacer fuego; la falta de comida tenía a los soldados alemanes muertos de hambre y débiles, y la falta de combustible y municiones impedía una defensa adecuada y un intento de romper el cerco creíble.”

1 . Tuve un interesante intercambio de correspondencia con Glantz en 2013, quien me aportó importante información sobre la carga de la División 44 de caballería soviética del 17 de noviembre de 1941 en Mussino.

75 AÑOS DE LA EPOPEYA DE STALINGRADO

El 31 de diciembre de 1943 -hace 75 años atrás- Friedrich Paulus, con un aspecto inusualmente desaliñado para alguien que ostentaba el rango de mariscal de campo del Heer de la Wehrmacht, llegaba al puesto de mando del 64° Ejército soviético para concretar su rendición y la de su Estado Mayor, aunque dejando libre al Sexto Ejército hasta ahora bajo su mando, para seguir luchando.

Pero los soldados alemanes sobrevivientes a la extenuante carnicería sufrida desde que el 22 de agosto del año anterior, Paulus enviara sus primeras columnas blindadas hacia el corazón de Stalingado, ya no tenian ni medios ni ánimo para proseguir la lucha.

La sangrienta batalla por el control de la ciudad, a orillas del río Volga, finalmente se saldaba con un completa victoria del Ejército Rojo. Un desenlace que además, empezaría a dar vuelta el desarrollo de la guerra en el frente oriental, hasta ahora abiertamente favorable a los nazis, dando lugar a la recuperación de las maltrechas fuerzas armadas de la URSS y lanzarlas a un contraataque que las llevaría hasta el mismo Berlín.

Alemanes

Por entonces el frente meridional era un escenario secundario en la guerra, pero para Hitler la ofensiva sobre el Volga tenía su justificación estratégica. Abría camino hacia los campos petrolíferos tan necesarios para el esfuerzo bélico alemán, y pondría un cuchillo en la garganta de las posesiones británicas en Oriente Medio. Pero la verdadera razón de la obsesión que el Führer sentía por Stalingrado radicaba en su nombre, que homenajeaba al odiado líder de la URSS.

También para los rusos Stalingrado tenía una fuerte carga simbólica. Como muchas ciudades, su nombre había fluctuado con los vaivenes políticos de Rusia. Cuando todavía se llamaba Tsaritsyn,. Josif Stalin prticipó como delegado político en la defensa de la ciudad contra los “rusos blancos”; luego la rebautizó Stalingrado como parte del culto a su personalidad. En la actualidad, ha pasado a denominarse Volgogrado.

Paulus era un “general de escritorio”, había hecho su carrera en tareas de Estado Mayor. Estaba lejos de reunir las condiciones necesarias para conducir un ejército en batalla frente a un enemigo duro y tenaz. Cuando movilizó a su Sexto Ejército de 20 divisiones y 500 tanques sobre los arrabales del norte de Stalingrado -desde el sur apoyaba el ataque la 4a. Panzerarmee del Gral. Hoth- su expectativa era que en un mes a lo sumo, la ciudad estaría en sus manos. Se equivocó.

Porque los caminos de la URSS eran la pesadilla de un ejército en movimiento. El fino polvo deterioraba los motores en verano, del mismo modo que las lluvias otoñales convierten las rutas un un lodazal impracticable. Luego el invierno congelaba el suelo pero también los mecanismos, a las bestias y a los hombres.

soldados rusos

La primera oposición estuvo a cargo de las milicias reclutadas entre los obreros de las numerosas fábricas de la zona, incluyendo muchas mujeres. Estaban someramente armados y tenían poca preparación militar. Sufrieron bajas espantosas pero lograron retrasar el avance alemán.

mapa 1

El Ejército Rojo puso al frente de la defensa de Stalingrado a generales enérgicos y capaces (Yeremenko, Chuikov) sustituyendo a los viejos representantes de la época revolucionaria varias veces derrotados. Aunque llegarían a dominar un 99% de la ciudad, los alemanes no lograron expulsar a los rusos de algunos puntos fuertes, que resistieron al precio de ingentes bajas mientras el Alto Mando soviético tomaba las medidas para la contraofensiva.

Fue una lucha despiadada en las calles bloquedas por los escombros y al interior de casas y fábricas derruídas o en llamas. Plaza RojaLos tanques perdieron protagonismo y se volvió un combate de proximidad a cargo de pequeñas unidades de infantería, con fusiles, metralletas, granadas y ametralladoras. Los alemanes la llamaron Rattenkrieg (“guerra de ratas”).

En Moscú, Zhukov y Vasilevsky presentaron a Stalin un plan para transformar la desesperada situación de Stalingrado en una oportunidad estratégica. El líder soviético lo aprobó.

La idea consistía en esperar a que la llegada del invierno congelara el suelo y el agua de los ríos, para permitir el movimiento de los tanques. Mientras tanto, las tropas empeñadas en la defensa de la Stalingrado recibirían refuerzos en pequeñas cantidades, y seguirían atrayendo más y más fuerzas alemanas al caótico campo de batalla en que se había convertido la ciudad.

El 19 de noviembre, una formidable masa de artillería abrió fuego sobre las posiciones de las fuerzas rumanas aliadas al Reich, que protegían el flanco izquierdo de Paulus. Luego, la infantería rusa, con camuflaje blanco, avanzó entre la niebla y la nieve, desde Serafimovich (en el Don) sobre las posiciones enemigas. La siguieron los temibles tanques T-34, de anchas cadenas. Se trataba del 5° ejército blindado y el 21° de fusileros, al mando del Gral. Vatutin.

El mal tiempo permitió que las tropas soviéticas progresaran, sin que la aviación alemana pudiera apoyar a sus fuerzas de tierra.

Al sur Yeremenko esperó que el avance desde Serafimovich hiciera mover las reservas alemanas hacia el sector norte, para sostener a los rumanos, hasta que las perentorias órdenes desde Moscú lo obligaron a avanzar. A las 10 de la mañana del día 20 inició la preparación artillera, tras lo cual los ejércitos 51° y 57° se pusieron en marcha hacia el norte. Con un afortunado golpe de mano, se apoderó fácilmente del puente de Kalach y cuando se encontraron en el lugar las avanzadas del Ejército 21° y del 5° de tanques, se cerraron las dos mandíbulas del contraataque soviético y el Sexto Ejército de Von Paulus se encontró completamente rodeado.

mapa 2

Paulus pidió autorización para intentar romper el cerco, pero Hitler negó toda posibilidad de retroceder. Entonces, optó por formar una posición de “erizo”, lo que eliminaba cualquier posibilidad de maniobra. Estaba planteada la necesidad de abastecer de lo necesario a todo un ejército: 500 toneladas diarias. Herman Göring prometió al Fuhrer que su Luftwaffe sería capaz de cumplir con ese desafío logístico (cosa que con el clima reinante, era absolutamente irreal).

Von Manstein llegó a la zona para tratar de enderezar la situación. Su intención era romper el anillo soviético con el 4° Ejército Panzer y abrir una brecha para que el Sexto Ejército pudiera escabullirse.

La operación requería además, que el Sexto Ejército presionara hacia el oeste para salir del cerco. Pero Paulus, siempre irresoluto, entendió que falto de suministros, especialmente combustible, no estaba en condiciones de abandonar sus posiciones y prefirió permanecer resistiendo aislado en Stalingrado. Ante lo cual Manstein optó por hacer retroceder las puntas de lanza acorazadas que había destacado hacia las posiciones del ejército rodeado.

La aviación alemana intentó durante sesenta y dos días, abastecer a los camaradas acorralados. Solamente en una Rendiciónocasión, logró transportar toda la carga requerida por el ejército cercado. Puedo sí evacuar a unos 35.000 heridos o enfermos. Para ello, debió pagar el precio de medio millar de aviones perdidos.

Mantener cercado al ejército de Paulus, distraía a un importante número de tropas soviéticas, necesarias en otros teatros de la guerra. De modo que el alto mando en Moscú se dispuso a terminar con aquel molesto enclave alemán. Al comenzar 1943 el Ejèrcito Rojo acumulò en el àrea gran cantidad de cañones, lo que presagiaba un inminente asalto.

En esos dìas se hizo presente en el teatro de operaciones de Stalingrado el general Rokossovsky. Lo primero que hizo fue asegurarse de que las diezmadas fuerzas de Chuikov, todavìa tenían moral suficiente como para seguir dando batalla a los alemanes. Las aguas del Volga ya se habian congelado completamente, permitiendo la llegada de suministros a travès del hielo a las tropas rusas que permanecìan todavìa en la orilla occidental del rìo.

El 8 de enero, Rokossovsky ofreciò a Paulus la posibilidad de rendiciòn, la que fue rechazada. Pero la situaciòn de los alemanes era desesperada, aquejados por el hambre, el tifus y numerosos casos de congelamiento. Veinte mil heridos sin posibilidades de ser asistidos, yacìan entre los escombros. Se produjeron numerosos casos de suicidio.

El dìa 10 la artillerìa soviètica abriò fuego. Tambièn la aviaciòn atacò a los alemanes cercados y luego avanzaron la infanterìa y los tanques. Los agotados restos del Sexto Ejèrcito se prodigaron para taponar como podìan, las brechas que se iban abriendo en sus lìneas defensivas. Paulus informò a sus mandos que la situaciòn en la bolsa de Stalingrado era insostenible, pero Hitler (que habìa declarado a la ciudad como “fortaleza”) prohibiò cualquier posibilidad de capitulaciòn.

El 30 de enero, el Fûhrer ascendiò a Friedrich Paulus al grado de mariscal de campo, en un intento de reforzar su ànimo de resistencia. Hasta ese momento, nunca un militar alemàn de ese rango se habìa entregado vivo al enemigo ruinasy Hitler esperaba que con su gesto, Paulus estuviera dispuesto a morir en combate o se autoeliminara antes de caer prisionero.

En la madrugada del dìa 31, la emisora de radio del puesto de mando de Paulus, en los sòtanos de los que habìan sido los almacenes estatales Univermag, anunciò que los rusos ya estaban llegando  y debía cesar las transmisiones. Paulus, demacrado, sin afeitar, con una incontrolable contracciòn nerviosa en el rostro, fue trasladado con sus colaboradores del Estado Mayor en automòvil hacia el sur, hasta el cuartel general del 64º Ejèrcito ruso para presentar su rendiciòn.

Paulus fue un general sin experiencia en campaña, puesto por los mandos frente a una misiòn muy por encima de sus capacidades. Su final fue petètico. Como prisionero de guerra, colaborò con la propaganda soviètica y firmó una proclama aconsejando a los ejèrcito alemanes del sector septentrional del frente la rendiciòn.

Stalingrado no fue la batalla decisiva de la guerra en el Este. El verdadero gozne de la historia en el frente ruso fue el gigantesco enfrentamiento de carros de combate en Kursk. Pero en las heladas estepas a orillas del Volga, se derrumbaron los mitos de la invencibilidad de la Wehrmatch y de la genialidad estratègica de Hitler. Los dioses de la guerra comenzaban a mostar al III Reich, su rostro màs hostil.

UNO DE LOS DOS MISTERIOS, RESUELTO

Ayer insertamos una entrada en este blog con el título “Dos fotos, dos mujeres, dos misterios”, en el que tratamos la desaparición de la aviadora Amelia Earhart en 1937 y una imagen que podría mostrarla prisionera de los japoneses. gerda-taro-lecho-muerte-U10107476060an-U2128858742068aH-620x749@abcY el accidente que costó la vida a la fotoperiodista Gerda Taro cuando cubría la batalla de Brunete durante la Guerra Civil Española, en relación a una imagen en la que se veía al médico Dr. János Kiszely -de los servicios sanitarios del batallón de voluntarios británicos encuadrado en la XV Brigada Internacional que combatía en el bando republicano- prestando auxilio a una mujer herida; en el reverso de la cartulina había una inscripción manuscrita que de modo algo confuso, identificaba a la paciente como la esposa de “Frank Capa” (queriéndose referir seguramente a Robert Capa).

La fotografía había sido publicada antes en un libro que trataba sobre la sanidad en las Brigadas Internacionales, pero cobró notoriedad en este mes de enero de 2018 cuando Sir John Panton Kiszely -general del ejército británico retirado e historiador, hijo del médico húngaro- la difundió en su cuenta de Twiter.

Recordemos que bajo el pseudónimo “Robert Kapa” se publicaban las fotografías registradas por igual por los reporteros gráficos Endre Ernö Friedmann y Gerda Taro. La contribución de esta última fue ignorada durante mucho tiempo -atribuyéndose todos los trabajos firmados como “Robert Capa” al componente masculino del binomio- hastaSir John 96 la aparición de la llamada “valija mexicana”, un conjunto de entre 3 y 4 mil negativos de fotografías tomadas en España entre 1936 y 1939 por Gerda Taro, Endre Friedmann y David Seymur, recuperadas en 1995 y dadas a conocer en 2008.

Los que estudiaron la trayectoria profesional de Gerda, tenían dudas sobre si la mujer de la fotografía se trataba efectivamente de ella. Pero el interés despertado en las redes sociales dio frutos en cuestión de pocos días.

Como indica El Diario de Barcelona hoy, una investigación de Televisión Española (TVE) logró ubicar en un archivo privado del Imperial War Museum británico y obtener que éste la hiciera pública, una grabación de audio registrada en cassette en 1992 en la que el Dr. János Kiszely confirma que la paciente de la foto era Gerda Taro (aunque siempre refiriéndose a ella como esposa de Capa):

Mirando hacia atrás, recuerdo con interés que llegó a mis manos una mujer herida, casi muerta, aunque no tenía ni idea de quién era ella. Descubrí más tarde que era la esposa del famoso fotógrafo Robert Capa. Ella era periodista, reportera. Pero no tenía ni idea de cómo se llamaba cuando me tomaron la foto limpiándole la sangre de la cara. Cuando el cuerpo llegó estábamos rodeados de bajas, había muchísimo trabajo y me tuve que poner manos a la obra. En ese momento no te puedes parar a pensar en si es Gerda Taro.”

220px-RepublicanWoman1936GTaroVemos que las redes sociales de Internet, tantas veces vehículo de fábulas, insultos, errores y mentiras, afortunadamente esta vez sirvió para encontrar la verdad histórica con celeridad.

El mencionado artículo periodístico de El Diario remata con acierto:

El valor histórico de esta anécdota publicada por John Kiszely es innegable, pero quizá sea aún mejor el simbólico, el de la justicia tardía. Esa que ayudó, una vez más, a rescatar la figura invisibilizada de Gerda Taro y a reconocerle un trabajo que realizó con pasión hasta sus últimos minutos de vida.“

Del par de misterios sobre los que nos ocupamos ayer mismo, el de Gerda Taro ya se ha visto aclarado. Los detalles de la tragedia de Amelia Earhart aún siguen sin develar.

DOS FOTOS, DOS MUJERES, DOS MISTERIOS.

AMELIA EARHART

Esta aviadora norteamericana, nacida en 1898, realizó en su época resonantes hazañas de vuelo, lo que le valió una inmensa popularidad.

En 1928, en carácter de pasajera, fue la primera mujer en volar 3.200 km a través de Océano Atlántico desde Halifax en Canadá hasta Gales en Gran Bretaña, en un avión trimotor Fokker F-7 piloteado por Wilmer Stultz y Louis Gordon. Este viaje la hizo famosa en su país, aunque ella misma consideró no haber tenido participación activa en el vuelo y haber sido A Etratada casi como parte de la carga, “igual que un saco de papas”.

En 1932 fue la primera mujer en cruzar al Océano Atlántico en solitario a los mandos de un Lockheed Vega 5-B adaptado. Antes, solamente Charles Lindbergh lo había logrado. Por esta hazaña el Congreso de los EE. UU. le otorgó -también fue la primera mujer en recibirla- la Distinguished Flying Cross.

Y en 1935 concretó el primer vuelo desde Honolulu, en el archipiélago de Hawaii, hasta California en el territorio continental de los Estados Unidos.

Además batió varios récords de velocidad, de altitud y de distancias (como el viaje desde California a Nueva Jersey) y se convirtió en una celebridad. Dictó también numerosas conferencias, escribió libros y mantuvo una activa militancia feminista..

En 1937, Earhart acometería el reto supremo: circunvolar el globo terráqueo por la distancia más larga, siguiendo la línea del ecuador. Para ello, utilizaría un aparato Lockheed Electra 10-E bimotor, reforzado para soportar más carga yp10-gilhooly-earhart-a-20170702-870x690

con motores más potentes que los de serie. La acompañaría el piloto Fred Noonan -experto en vuelos sobre el océano Pacífico- y otros dos técnicos.

El primer intento se materializó el 17 de marzo de ese año, volando desde Oakland (proximidades de San Francisco, California) hasta Hawaii. Pero al abandonar el aeródromo cercano a Pearl Harbor, perdió el control de la aeronave y esta se salió de la pista, sufriendo severos daños. Por lo cual, el Electra debió volver a California por reparaciones.

Una vez que el mismo fue recuperado, Amelia retomó su proyecto, pero esta vez viajaría solamente acompañada de Noonan y en dirección hacia el Este. Para ello se trasladó desde California hasta Miami en crash hawaiiFlorida, donde comenzó su segundo intento de recorrer la circunferencia de la Tierra el primero de junio, rumbo a San Juan de Puerto Rico.

La travesía siguió luego por el norte y el este de América del Sur (Caracas, Pernambuco, Fortaleza, Natal). Desde este último punto afrontó el salto atlántico, hasta Dakar, en Senegal. Sobrevoló luego África con escalas en Gao (Mali), Fort Lamy (Chad), Alfadali (Etiopía), Massawa y Assab (Eritrea).

Desde allí realizó una arriesgada etapa sobre el Mar Rojo y la península Arábiga hasta Karachi (entonces parte de la India, hoy Pakistán). El tramo asiático incluyó luego escalas en Calcuta, Rangún y Bangkok (Tailandia), Singapur y Bandung (Indonesia).

mapa viaje

En este punto, la aviadora se vio afectada por la disentería lo que, junto a desperfectos técnicos en el avión, le impuso un retraso al itinerario previsto.

Finalmente, superados los inconvenientes, pudo retomar el vuelo llegando a Darwin (Australia) y el 29 de junio a Lae (Papua-Nueva Guinea). Desde allí, voló hasta la isla Howland. Estaba previsto que el Electra de Earhart y Noonan llegara a la misma el 2 de julio. A continuación, seguiría hacia Hawaii y completaría su viaje en California.

La Guardia Costera estadounidense había destacado en la zona de Howland a su guardacostas USCGC Itasca para apoyar su aproximación a la isla. Pero el avión se vio envuelto en una fuerte tormenta y por inconvenientes técnicos 300px-USCGS_Itascaen el barco, la comunicación entre la aeronave y el guardacostas fue dificultosa y finalmente se interrumpió.

El último registro obtenido por la radio del Itasca fue la voz de Amelia indicando que se encontraban cerca de la isla pero no lograban verla, y que se les terminaba el carburante:

“KHAQQ llamando al Itasca. Debemos estar encima de Ustedes pero no los vemos. El combustible se está agotando.”

A bordo del guardacostas se podía escuchar la llamada de Amelia, pero era imposible radiar la respuesta. Después, no se supo más del Electra ni sus tripulantes. Estados Unidos organizó una amplia búsqueda con numerosos barcos y aviones para intentar ubicarlos, que se prolongó por dos años pero no tuvo resultados.

Las teorias sobre lo sucedido son variadas. No faltan por supuesto, las de naturaleza más conspirativa: que la desaparición fue fraguada por la propia Amelia Earhart, que se trató de un suicidio, un romance entre la aviadora y su compañero de viaje, la abducción por parte de extraterrestres…

Dentro de las más lógicas, la que mayor recibo ha tenido supone que el avión se quedó sin combusible y se precipitó al mar, entre 35 y 100 millas de la isla. Amelia había dejado atrás los paracaídas en la escala de Darwin, suponiendo que ya no serían de utilidad.

O bien que buscando una alternativa al no poder ubicar Howland, debió realizar un aterrizaje de emergencia en el atolón coralino de Nikumaroro (antes isla de Gardner) donde, privados de agua, Amelia y Noonan habrían sucumbidonoonan-and-ae-java-1937.jpg de sed, hambre o enfermedad.

Otra especulación establece que Amelia cumplía en su viaje, una misión secreta de espionaje, recopilando información para la Armada estadounidense. Los que adhieren a esta versión, creen que debido a ello pudo ser derribada por los japoneses sobre alguna de sus posesiones en el Pacífico.

Esta última alternativa se vio reforzada últimamente, por la aparición en los National Archives en Washington, de una fotografía del puerto de Jaluit (en las islas Marshall controladas por Japón) en cuyo muelle se observan las figuras de atolon

recorte

una mujer, sentada de espaldas a la cámara, que podría ser Amelia Earhart y de pie, algo alejado, un hombre que podría tratarse de Noonan. A la derecha, junto a la proa de un carguero, algunos creen ver al Electra.

La identificación de los mismos no es absoluta pero, si fueran la aviadora norteamericana y su navegante, cobra fuerza la posibilidad de que Amelia resultara apresada por los japoneses en las Marshall y finalmente, muriera en cautiverio después de haber sido trasladada a la isla Saipán, en el archipiélago de las Marianas.

Pero son muchos expertos los que descreen que esa fotografía correspondan a Earhart y Noonan, refutan esta teoría y se siguen inclinando por la caída al mar o la muerte en algún islote inhabitado tras un aterrizaje de emergencia.

A más de ochenta años de su misteriosa desaparición, lo ocurrido a la carismática aviadora norteamericana, su acompañante y la máquina que tripulaban, sigue sumido en el misterio.

Vega

GERDA TARO

26 de julio de 1936, proximidades de Madrid, durante la Guerra Civil española. Último día de la “batalla de Brunete”, que se había iniciado en la noche del 5 al 6 de dicho mes. En una columna de fuerzas de la República en retirada, Gerda-Taro-objetivo_EDIIMA20180122_0795_19trepada al estribo de vehículo (un camión que transporta heridos de acuerdo a algunas fuentes, del automóvil de un alto oficial según otras) viaja una joven fotorreportera de nombre Gerda Taro.

El cielo ya ha quedado en manos de la aviación de Franco. Una formación de aparatos “nacionales” ataca a la columna y cuando el vehículo en el que se traslada maniobra para evitar sus embates, colisiona con un tanque y la periodista resulta atropellada por el blindado.

De resultas del accidente, Gerda Taro sufre serias lesiones. Se desconoce su destino posterior aunque es evidente que falleció de resultas de las mismas y fue enterrada en alguna tumba anónima. Fue la primera reportera de sexo femenino, muerta en la cobertura de una guerra.

Gerda había nacido en Alemania, en el seno de una familia judía, siendo su verdadero apellido Pohorylle. Cuando fue herida en el frente de Brunete, le faltaban cinco días para cumplir 26 años de edad.

Casi nadie la conoce por su apellido familiar. O por el de “Taro” que había adoptado. Y menos, los que saben que muchos famosos fotorreportajes de guerra publicados bajo la firma ”Robert Capa” en realidad los realizó Gerda enGerda-Taro-Endre-Friedmann-Robert_EDIIMA20180122_0786_5 conjunto con el fotógrafo húngaro (también de origen judío) Endre Ernö Friedmann, con quien mantendría asimismo una relación sentimental..

La mayor parte de la gente asumió que Robert Capa era una sola persona, y además que se trataba de un hombre. La confusión ganó terreno porque Friedmann -tras la desaparición de su compañera- siguió usando ese pseudónimo hasta su propia muerte (ocurrida el 25 de mayo de 1954, en medio de la lucha de los vietnamitas contra el dominio colonial francés) y nunca se esforzó mucho por difundir sobre la contribución de Gerda durante la etapa de trabajos compartidos.

Gerda Taro fue a cubrir la Guerra Civil por su vocación por los fotorreportajes tanto como por simpatía política con la causa republicana. Su audacia y habilidad para obtener documentos gráficos de gran valor en lo más peligroso del frente le ganó el mote de “pequeño zorro rojo”.

El 16 de este mes de enero John Kiszely, historiador británico, publicó en su cuenta de Twiter una fotografía que muestra al médico de un hospital de campaña atendiendo a una mujer inconsciente, que sangra por la nariz. Acompañaba la imagen con la leyenda:

“Just dug out this photo of a young doctor with the International Brigade in the Spanish Civil War in 1937 – my father,” (“Acabo de desenterrar esta foto de un joven médico con la Brigada Internacional en la Guerra Civil Española en 1937 – mi padre.”)

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El Dr. Kiszely era húngaro y se había unido a los voluntarios extranjeros que integraban las fuerzas republicanas en España, participando en el conflicto desde enero de 1937 hasta su final. Reggie Saxton, otro combatiente británico de las Brigadas Internacionales y que también fue asistido por el médico húngaro, fue quien hizo llegar la fotografía  a John Kiszely pero no le aclaró la verdadera identidad de la mujer que aparece ella.

Al reverso, la fotografía exhibe una leyenda (manuscrita seguramente por Saxton) que según Kiszely rezaría:

“Frente Brunete / junio 37 (en Torrelodones) Mrs Frank Capa. ‘Ce Soir’ Killed at Brunete. Paris”

En realidad “Mrs” no correspondería; Gerda y Friedmann no estaban casados. En cuanto al nombre “Frank” en vez de “Robert”, pudiera deberse a una confusión de quien hizo la inscripción, que puede haber asociado el apellido “Capa” con Frank Capra, un director cinematográfico estadounidense .muy conocido por entonces.

También es altamente probable que John Kiszely haya interpretado equivocadamente la escritura y que la misma no diga “Frank” sino “Frau” (mujer o señora, en alemán).

La foto ya había sido publicada en el libro de Manuel Requena Gallego y Rosa María Sepúlveda “La sanidad en las Brigadas Internacionales”, editado por la Universidad de Castilla-La Mancha en 2006, donde se menciona al Dr. Kizsely pero no se identifica a su paciente.

Hay otras inconsistencias que hacen dudar respecto a si la mujer herida de la fotografía, es verdaderamente Gerda Taro. El accidente que le provocó la muerte ocurrió a fines de julio de 1937 no en junio, y fue en el tramo de carretera gerda-taro en combateentre Brunete y Villanueva de la Cañada (no en Torrelodones). La joven fotógrafa fue asistida seguramente en el llamado “hospital inglés” que funcionaba en El Escorial. Y había sido aplastada por un tanque ruso T-26 de 10 toneladas y media de peso, circunstancia que el aspecto de la paciente de la fotografía no parece reflejar

Pero aunque no lo fuera, la publicación de dicha fotografía ha servido para rescatar y revalorizar su breve pero importante trayectoria profesional y hacer justicia a su participación en el binomio de periodistas que publicaba bajo el pseudónimo “Robert Capa”.

Como escribe Héctor Llanos Martínez en la revista Verne (El País de Madrid, 25 de enero de 2018):

“El médico que atendió a Taro y su compañero en el frente que anotó la información en la parte posterior de la foto la, definían como ‘la mujer de Capa’. Era el signo de los tiempos. Robert Capa era en realidad el seudónimo compartido de la pareja formada por Endre Ernö Friedmann y Gerta Pohorylle (Gerda Taro), pero la historia ha hecho que se olviden los méritos de ella y el nombre se relacione solo con la mitad masculina de este tándem.”

Algo que a partir de este hallazgo, está empezando a cambiar.

LA TREGUA DE NAVIDAD (1914)

Las escaramuzas iniciales entre las tropas británicas y germanas en Europa, al inicio de la Primera Guerra Mundial, se produjeron en la segunda mitad de agosto de 1914.

Al término de dicho año, aliados y alemanes se enfrentaban guarecidos por una densa red de trincheras, donde permanecían prácticamente inmovilizados. Los ataques de uno y otro bando, a través de la “tierra de nadie” que los separaba, se traducía únicamente en un espantoso número de muertos y heridos, sin que se obtuvieran ventajas tácticas apreciables.

En la Nochebuena de ese primer año del conflicto, los soldados alemanes armaron árboles adornados en sus refugios, y entonaron canciones navideñas; entre ellas la famosa y popular “Stille Nacht” (“Noche de Paz”).

Los británicos respondieron desde sus trincheras, cantando sus propios villancicos, incluyendo la versión de Noche de Paz en inglés.

Y espontáneamente, de uno y otro lado salieron soldados de las zanjas y se encontraron en los terrenos castigados por los obuses que hasta pocas horas atrás se disputaban encarnizadamente. Se saludaban, se deseaban feliz navidad e intercambiaban obsequios tales como bebidas, cigarrillos y chocolate.

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A pesar de los esfuerzos de sus oficiales, aquella tregua informal se prolongó al llegar el día 25. La misma fue aprovechada para recoger y enterrar dignamente a los muertos que permanecían insepultos en el campo, con mutuas muestras de respeto.

Un soldado inglés, William Loasby (según relató en una carta a su familia, que en 2014 se subastó por 25.000 euros) participó en la organización de un partido de fútbol, que se improvisó sobre el congelado suelo invernal.

Progresivamente, los oficiales fueron devolviendo a sus subordinados a sus respectivas trincheras y en los días posteriores, las hostilidades se habían restablecido en toda su crudeza.

Futbol paint

Los altos mandos tomaron providencias para que en las navidades siguientes, no se repitieran los actos de fraternidad con el enemigo, para lo cual en esos días se bombardeaba intensamente el campo.

En los años siguientes se produjeron de todos modos, algunas suspensiones de los combates con motivo de la Navidad (incluso en el Frente Oriental) pero no tuvieron ya el alcance de la de 1914.

La guerra además había ido adquiriendo ribetes cada vez más crueles, con la aparición de nuevas armas (el gas venenoso, los tanques) y ya no daba mucho margen para reiterar actitudes de camaradería entre enemigos.

En 2014, al celebrarse el primer centenario de la “Tregua de Navidad” la UEFA ubicó un monumento conmemorativo en la región de Flandes, Bélgica, donde ocurriera principalmente. El entonces presidente de la entidad, Michel Platini, expresó en la invitación a las autoridades de los países europeos para participar en la ceremonia:

“Esta ceremonia de recuerdo rinde homenaje a los soldados que, hace un siglo, expresaron su humanidad se reunieron para jugar al fútbol, abriendo así un capítulo importante en la construcción de la unidad europea y servir de ejemplo para el ejemplo que deben seguir hoy en día los jóvenes”.

UEFACuenta la historia que aquel partido entre soldados ingleses y alemanes (de una hora de duración y sin árbitros) se saldó con la victoria de los germanos por 3 a 2.

Cien años después, en el encuentro que rememoraba aquella tregua insólita, los británicos pudieron tomarse la revancha deportiva, al triunfar 1 a 0.